lunes, 24 de enero de 2011

El gran acierto de Australia

Si de fútbol se trata pocos países pueden presumir de haber experimentado un cambio tan radical en los últimos años como Australia, cuyo panorama ha dado un giro de 360 grados gracias a una serie de decisiones que en su día parecieron arriesgadas y que a la postre han supuesto una tabla de salvación y el impulso definitivo que el país necesitaba en el deporte rey.

Muchas teclas se han tocado para que al final la sinfonía suene de forma correcta, desde el trabajo con los jóvenes valores hasta el acierto con el director de orquesta pasando, y este es el cambio más evidente, por la reubicación del escenario y la sabia elección de una sala de conciertos con una acústica mejorada.

Una labor que comenzó en el año 2005 cuando la Federación decidió poner al frente del combinado nacional a un técnico con experiencia contrastada como el holandés Guus Hiddink, un tipo que además tenía hambre, mucha hambre, por volver a dar el do de pecho en su competición fetiche, el Mundial.

Por aquella época Australia aún gozaba de una poderosa tiranía en territorio oceánico, donde nadie era capaz de toserle. La llegada de Hiddink no cambió nada en ese sentido, con un combinado que se paseaba por su continente merced a la experiencia y la calidad que le daba un plantel en el que gran parte de los jugadores lucían palmito en Europa.

Sin embargo a la larga se demostró el acierto, no sólo porque se dio la alternativa a jugadores que a la postre han resultado fundamentales sino porque además el técnico holandés fue capaz de meter en la cabeza de sus hombres la importancia de esos dos partidos a cara de perro que el país se veía obligado a jugar cada cuatro años.

Una lucha a muerte, una batalla a todo o nada en la que un ejército con poca práctica en combate como el australiano se veía las caras con otro con más experiencia y más hechuras, acostumbrado a pelear durante cuatro años. Hasta la llegada de Hiddink el saldo había sido casi siempre desfavorable (con la honrosa excepción del año 74) y sólo en su último combate fue Australia capaz de salir victoriosa cuando ya sabía que en el futuro sus enemigos y su panorama geopolítico serían otros.

Aquél 2006 cambiaría definitivamente el fútbol australiano, sería el punto de inflexión, el año cero de los nuevos "socceros". Tras eliminar a Uruguay en la repesca la nación volvía a disputar un Mundial mientras vislumbraba en el horizonte nuevas vías de desarrollo en el continente asiático, una mudanza hacia un barrio más pudiente en el que sería bien recibido a priori si decidía arrimar el hombro en servicio de la comunidad.

La bonanza económica del país era la contraprestación que este ofrecía para medirse de forma periódica con rivales de entidad y no tener que echar la lotería una vez cada cuatro años para poder acceder a la competición más importante del planeta. Una apuesta arriesgada pues crecía la competitividad y tocaba adaptarse a un fútbol completamente antagónico al cavernícola que se jugaba en territorios como Samoa, Tonga o las Islas Cook, pero que a la larga ha resultado tremendamente beneficiosa.

Los octavos de final alcanzados en el Mundial de Alemania, que se quedaron cortos merced al arbitraje de Medina Cantalejo contra Italia, fueron el trampolín definitivo para potenciar el deporte en la nación y de paso alentarla para el desconocido mundo que se les venía encima, donde los rivales pasarían a ser conjuntos como Japón, Corea del Sur o Arabia Saudí.

Para muchos Australia no era sino una cabra en el garage oriental e incluso algunos dudaron de lo idóneo de la decisión cuando en su primera gran cita en su "nuevo continente", la Copa de Asia del año 2007, cosecharon un paupérrimo empate ante Omán, una derrota ante Iraq (a la postre la gran sorpresa) y acabaron cayendo en penalties contra Japón a las primeras de cambio.

Sin embargo realizado el primer experimento todo han sido éxitos. Los oceánicos superaron su primera fase de clasificación, la del Mundial de Sudáfrica, haciendo gala de una superioridad aplastante. Encuadrados junto a Iraq, Qatar y China en primera ronda y posteriormente junto a Japón, Bahrein, Uzbekistán y de nuevo Qatar; sólo concedieron cuatro goles en 14 partidos, de los que ganaron 9 y sólo perdieron dos, ambos en la fase inicial.

Fue nadar para morir en la orilla pues en su segundo Mundial consecutivo (algo que sucedió por primera vez en su historia), no pudieron repetir la gesta de Alemania en un grupo altamente competitivo. Cicatrizadas las heridas con la nueva edición de la Copa Asia se les planteaba un nuevo reto.

Y vaya si han sabido aprovecharlo. Bajo las órdenes del semidesconocido Holger Osieck ya están en semifinales, donde mañana se enfrentarán a la sorprendente Uzbekistán. Si vencen en un partido en el que son claramente favoritos a pesar del delicioso juego que ha venido practicando la selección uzbeka, se jugarán el trofeo ante Japón o Corea del Sur, único equipo capaz de hacerles un gol en lo que va de campeonato.

Una nueva oportunidad de dar un golpe sobre la mesa en un continente que han hecho suyo y que ya les ha admitido de pleno convencimiento, como demuestra el hecho de que serán los anfitriones del torneo continental en la próxima edición, la del año 2015. Pocas veces una apuesta tan arriesgada resultó tan beneficiosa.

3 comentarios:

Carlos Pérez dijo...

Totalmente de acuerdo. Además, la liga local también está en proceso de expansión, al igual que la selección, disputando las competiciones asiáticas y demás (bueno, y siguen figuras como Aloisi en la A-League).

La verdad es que el fútbol australiano está pasando por un gran momento, y de ganar en Catar este crecimiento aumentaría muchísimo.

Un saludo!!

Robert dijo...

Muy de acuerdo, está claro que si quieres mejorar tienes que jugar contra grandes rivales y, por desgracia, en Oceanía no los hay.

PD: donde pone 360º supongo que querías poner "giro de 180º"

elultimogol dijo...

Que pasada de artículo. Solo con leer este artículo ya te admiro ;) Tienes tanta razón en lo que dices... En la próxima década va a progresar más de lo que ha progresado en los últimos cinco años.

Saludos!