viernes, 27 de marzo de 2015

Milagro en Börlange

Cualquier decisión, por insignificante que sea, puede cambiar el rumbo de una vida. Un sí, un no. Elegir un camino o tomar otro distinto. Saludar a una persona y conocerla después u obviar su presencia. Subirse en un avión, coger otro distinto o quedarse en tierra. Nunca sabemos lo que espera al otro lado de la esquina, somos insignificantes y esta semana hemos vuelto a darnos cuenta.

Cada relato de un accidente, de un atentado, tiene vencedores y vencidos. Gente que sorteó la fatalidad, otra que estaba en el lugar dónde no debía a la hora menos oportuna. Entre aquellos que volvieron a nacer, esos a los que la vida les ha regalado una segunda oportunidad para disfrutarla al máximo, se encontraba un equipo de fútbol.

Y no uno cualquiera pese a que dispute sus partidos en el tercer escalón de un sistema balompédico poco relevante. De hecho su pérdida habría sido, a pequeña escala, la de otros muchos que no comparten ciudad con él pero sí el espíritu de un pueblo que se agarra a cualquier solución para reivindicarse.

Con una cifra que oscila entre los 80.000 y los 100.000, Suecia es un lugar de refugio para gran cantidad de inmigrantes kurdos que huyeron del avispero de su territorio en busca de oportunidades. La necesidad de agruparse en torno a algo que les diera sentido de pertenencia dentro de unas fronteras con otra cultura y otro clima fue el germen del Dalkurd de Börlange.

La ciudad, conocida entre otras cosas por ser el punto de salida de la banda musical Mando Diao, ha ido ganando en relevancia extramuros gracias antes de que la tragedia les tocara de cerca este miércoles, ya se había gastado tinta en escribir acerca de su corta pero prolífica historia.
precisamente a su modesto club. De hecho,

Lo que nació como una entidad para el ocio de los jóvenes de la localidad y con el objetivo de integrar a una minoría fue cobrando peso de la mano de su presidente Razaman Kizil, un hombre ambicioso que se propuso ver crecer el proyecto. A fe que lo consiguió ya que, tras cinco ascensos consecutivos desde su creación en el 2005, el Dalkurd se plantó en el lugar que ocupa ahora.

En progresión constante, con unos playoffs de ascenso a la división de plata ya a sus espaldas, todo ese sueño común que se ha ganado el corazón de cientos de kurdos alrededor del globo estuvo a punto de quedarse truncado cuando el equipo venía de disfrutar de unos días de entrenamiento en tierras españolas.

Por evitar una escala de diez horas, la expedición sorteó un desenlace cruel. A su llegada a casa les esperaban centenares de llamadas, la agonía de aquellos que pensaban haberlos perdido para siempre. Otros, algunos de los cuales se habían desplazado a Barcelona para ver el Clásico, no tuvieron tanta suerte. Las cosas del puto e impredecible destino.

viernes, 20 de marzo de 2015

Uno entre 1.240 millones

La llegada de David Villa a la MLS ha supuesto una pequeña revolución, un impulso respaldado por las buenas actuaciones del asturiano en sus primeros partidos en tierras estadounidenses. El punta ha callado las bocas de aquellos que le daban por retirado otorgando argumentos favorables a sus defensores.

Ejemplares de estos últimos los hay alrededor del globo, incluso en el extremo opuesto y dentro de la misma profesión. De hecho, y paralelamente al éxito del 'Guaje', ha transcurrido el de uno de sus admiradores. Un logro menor a ojos del sistema global pero que no lo es tanto en uno de los países más poblados del mundo, donde el fútbol está casi postergado.

Ese fan en cuestión se llama Sunil Chhetri y poco se sabe de él pese a que tiene un currículum profesional jalonado de hitos a nivel nacional. Quien un día mostró su deseo de jugar al lado del 'siete' de España es el máximo anotador del combinado indio, registro al que sumó dos dianas definitivas en la eliminatoria ante Nepal que inicia el largo camino hacia la Copa del Mundo de Rusia.

Un doblete importante para sus compatriotas pero doloroso en casa. Nacido en el seno de una familia de origen nepalí, su madre y su hermana saben lo que es ser internacionales con dicho combinado. Eso explicaría que el atacante decidiera ganarse la vida en el gremio de los goleadores pese a nacer en una ciudad y en un subcontinente donde las porterías conocidas son las de hockey.

A sus treinta años, y desde su escaso 1.70 de estatura, Chhetri puede presumir de haber vivido muchas más experiencias que la mayoría de sus compatriotas. Tanto que estuvo incluso cerca de jugar en el Celtic y en el Queen's Park Rangers, oportunidad esta que se esfumó por los problemas con el permiso de trabajo.

Eran los momentos de gloria donde se pensaba más en abrir mercados que en alzar trofeos. Era la esperanza más firme en la zona para llegar a una gran liga. El sueño se quedó a medio camino pero al menos fue capaz de cumplir su aspiración de salir fuera del continente siguiendo la senda de un par de pioneros que lo habían hecho con anterioridad.

Su destino fue el Kansas City Wizards, donde apenas tuvo minutos. Lo mismo le sucedería después cuando le llamó a filas el filial del Sporting de Portugal después de que su nombre sonara para otros clubes en tierras lusas. No hubo una tercera oportunidad y decidió refugiarse en casa y hacerse adalid del fútbol más puro.

Tanto que, en el combate que mantienen la Indian Super-League que financia la iniciativa privada y la I-League que controla la Federación ha decidido decantarse por la segunda. De esta manera ha renunciado a compartir duelos con algunos nombres de gran calado internacional para capitanear al Bengaluru, algo de lo que se muestra orgulloso en su perfil de Twitter.

Chhetri difícilmente llegará a disputar algún día la Copa del Mundo o a marcar tantos asistido por su ídolo. Tampoco parece que vaya a llegar ya a un campeonato relevante. Incluso es difícil que vea el apogeo del fútbol en su patria. Le quedarán eso sí tardes de gloria como la del combinado nepalí o los reconocimientos individuales. En un lugar donde el balón no rueda, podrá al menos decir orgulloso que el puso su grano de arena para que la situación cambie. 


lunes, 9 de marzo de 2015

La cabra sagrada


En todo club hay signos inviolables. En algunos es el escudo, en otros el himno, hay quien nunca permitiría un cambio de estadio o quien devolvería su carnet de socio en caso de que su entidad fichara jugadores de origen extranjero. En Colonia ese elemento inamovible, casi sagrado, es la mascota.

Tanto es así que el nigeriano Anthony Ujah se ha visto impulsado a pedir perdón después de dejar una de las imágenes del fin de semana cuando, en pleno arrebato posterior al gol, acudió raudo y veloz a la esquina donde se encontraba el sempiterno macho cabrío para tirarle de los cuernos. Incluso, en su arrepentimiento, ha asegurado que se trata de su mejor amigo.

No hacerlo habría supuesto un claro menoscabo a su popularidad teniendo en cuenta que Hennes no es un elemento más del folcrore y la decoración. Forma parte del emblema, sigue los partidos en el estadio desde primera fila y representa la tradición futbolística en tiempos donde el deporte está cada vez más globalizado.

De hecho, la actual cabra es la octava de la dinastía y lleva en el cargo desde el año 2008. Solo cuando la que le precede puede dejar de ejercer sus funciones cede el testigo a su heredera. Así desde que en el año 1950 un artista del circo comarcal se la regalara al equipo y este decidiera bautizarla en honor al técnico Hennes Weisweller.

Aquella cabra primigenia fue disecada y expuesta durante un tiempo en el museo del club. No le fueron mejor las cosas a la segunda de la lista, supuestamente envenenada por los aficionados del Borussia de Monechengladbach. Un final poco agradable tuvo también la cuarta, aquella que vivió los años dorados del club y falleció en acto de servicio por un ataque al corazón en un duelo frente al Bayern. La sexta y la séptima, por su parte, fueron sacrificadas.

Resulta imposible saber cómo acabará la actual pero lo importante, más allá de la protagonista en cuestión, es lo que la rodea. Un aroma a deporte clásico, a las herencias recibidas, al amor de una afición. Un relato transmitido de padres a hijos, entre cuidadores, entre establos; de esos que dan sentido al fútbol.

martes, 3 de marzo de 2015

¿Qué ha sido de... Dmitri Kuznetsov?

Los tiempos en los que los futbolistas de Europa del Este colonizaron España tras la desaparición de la URSS quedaron atrás. La potencia económica de la liga local y la apuesta por otros mercados acabó con ese exilio masivo de nombres como el que os traigo hoy y de otros tantos como Popov, Radchenko y un largo etcétera.

Natural de Moscú, fue en la cantera del otrora renombrado Torpedo donde comenzó a dar sus primeros pasos. Fueron relevantes ya que apenas una temporada después había firmado por el CSKA, bajo cuyo férreo brazo desarrollaría los años siguientes de su carrera hasta el momento en el que las salidas al extranjero se normalizaron.

Llegó ese día y con él su traspaso al Espanyol, que posteriormente le cedería al club capitalino ruso para volver a repescarle. En esa segunda etapa disfrutó de tres campañas como perico si bien acabaría sufriendo un nuevo préstamo, esta vez a las filas del Lleida. Aquella gota colmó el vaso y el verano siguiente se cerró su fichaje por un Alavés que acababa de subir a Segunda.

Al final acabaría siendo vendido al Osasuna, donde solo duró unos meses antes de ser devuelto a su país vistiendo de nuevo la camiseta del CSKA. No tendría suerte y al siguiente mercado estival arrancaría su peregrinaje por el país en busca de los minutos que no le daban en uno de los clubes relevantes de la capital.

Arrancó la ruta en el Arsenal; el de Tula, no el de Londres. De ahí se trasladó a Nizhni Nóvgorod para enfundarse la elástica del Lokomotiv de la ciudad. Siguió a aquella experiencia otra en el Sokol Saratov, desde donde regresaría a su Moscú natal para aportarle algo a a ese Torpedo que le formó. Finalmente acabaría colgando las botas en el Volgar de Astrakhan.

Después de aquello no renunció al fútbol. Se hizo técnico del ya desaparecido Spartak de Chelyabinsk, formó parte de la red de ojeadores del CSKA de Moscú y jugó con las viejas glorias de la entidad algún que otro choque, se proclamó campeón de la Legends Cup con su selección y acabó de asistente en el Rubin Kazan. Allí sigue de momento según las últimas informaciones.

viernes, 27 de febrero de 2015

Los juegos de una generación

Lo reconozco, ahora que veo cercano el final del Parma siento nostalgia. No ya tanto del club, que también, sino de aquella época infantil en la que llevarle a lo más alto había supuesto todo un reto para mi. Horas y horas sentado delante del ordenador intentando fichar a los mejores para que dejaran tardes de gloria en el Ennio Tardini.

Para qué negarlo, yo también asocio muchos momentos de mi tránsito a la adolescencia con las jornadas intensivas del PC Fútbol. Más concretamente del PC Calcio, lo mismo pero centrado en un campeonato italiano que por entonces me sonaba a chino. Pese a ello era fácil dejarse seducir por el contenido de aquellos CD's, cuyos antecesores eran disquettes que exigían una combinación de escudos para poder jugar.

Promiscuo en mis elecciones, recuerdo no solo aquél Parma de ensueño sino un Empoli que se proclamó campeón de Europa en repetidas ocasiones gracias al aliento de una afición pixelada que disfrutaba con goles que nacían de combinar Shift y Enter. También tuve escarceos esporádicos con el ya extinto Padova. Bajo los palos estaba Walter Zenga y tan importante como ascender era vencer al Torino que siempre escogía mi primo. Una máxima rivalidad artificial que se trasladaba a los despachos cuando abandonábamos la habitación por turnos para que nadie descubriera los fichajes que pretendía el otro. Normal, el mercado era amplio y los trucos para cerrar las contrataciones variados.

Sin embargo la gloria exigía algo más. No bastaba con tener una buena plantilla, el cuerpo técnico y el personal debían estar a la altura. Jardineros, empleados de marketing, secretarios técnicos... todos sumaban para la causa. Se buscaba en ellos la excelencia de las cinco estrellas, ese elemento distintivo que permitía construir un estadio de 200.000 personas en tiempo récord y reducir a algo testimonial las roturas de ligamentos.

En frente, rivales con una dimensión que solo he sido capaz de entender con el paso de los años. Es el caso del Castel di Sangro, cuyo milagro me era ajeno y en el que despuntaba Gionatha Spinesi. El punta era un habitual en la tabla de máximos goleadores junto a otros nombres como el australiano John Aloisi, por entonces en el Cremonese.

La misma dinámica seguía el PC Fútbol, donde aún recuerdo gestas con el Murcia o el Realejos. Inicialmente en Segunda B, acabarían disfrutando con plantillas de ciento cincuenta jugadores en las que Weah o Shearer peleaban por un lugar en el once. Contaba todo Carlos Martínez y le daba la réplica Michael Robinson emitiendo sentencias en español macarrónico al estilo "¿Pero cómo puede disparar desde ahí sin prismáticos?" o "Madre mía, ese hombre debe comer carne cruda".

Después de aquello llegarían versiones renovadas con mejores gráficos en las que el Genk tenía dinero infinitivo y Uwe Rösler era objeto de deseo. Nada sería lo mismo. Todo se hizo más complejo desvistiéndose de su esencia. Para entonces yo había crecido dejándome seducir por nuevas formas de entretenimiento. Aún así el daño estaba hecho, tenía dentro de mi el virus del fútbol internacional.

miércoles, 25 de febrero de 2015

¿Qué ha sido de... Reynald Pedros?

Ahora que el Parma agoniza y afronta una situación de crisis, es un momento oportuno para hacer balance en esta sección hablando de algunos jugadores que en su día pasaron por la entidad. Es el caso del francés Reynald Pedros, que si bien no tuvo una carrera demasiado prolífica en el club, al menos llegó con un gran cartel.

Nacido en la localidad francesa de Orleans, este centrocampista al que llegaron a comparar con Zidane y que estaba llamado a tener mayor protagonismo en la selección gala hasta el fracaso de aquella generación que fue incapaz de viajar al Mundial de EEUU, tuvo que desplazarse algo más de trescientos kilómetros para labrarse un futuro.

Le echó el ojo el Nantes, en cuya cantera progresó hasta alcanzar el profesionalismo. No lo hizo en una época cualquiera ya que, dada su calidad, acabaría formando parte de aquella plantilla que sorprendería en la Liga de Campeonas gracias a su aportación y a la de otros futbolistas como Patrice Loko y Nicolas Ouedec.

Aquellas actuaciones le sirvieron para dar el salto a un grande del país como el Marsella y, casi acto seguido, a fichar por el ya mencionado Parma. Sin embargo allí no tuvo suerte con las lesiones en un vestuario que llegó a dirigir por aquella época el hoy técnico del Real Madrid, Carlo Ancelotti, En busca de minutos encadenó dos cesiones al Nápoles y al Lyon.

No encontró la continuidad ni allí ni en su regreso al Parma, por lo que acabaría rescindiendo con el club transalpino para regresas a tierras galas y enfundarse la camiseta del Montpellier. No sería la única entidad de su país de origen que le acogería al regreso ya que a esta aventura le siguieron otras sucesivas en el Toulouse y el Bastia.

Su trayectoria comenzaba entonces a decaer pero, pese a ello, se resistió a colgar las botas. Por eso se atrevería de nuevo a coger un avión para emprender escaramuzas exóticas en la ciudad bíblica de Nazareth y en el Al-Khor catarí. Hizo los últimos ingresos dignos de vida laboral y finalmente apostó por dejarse caer en los brazos del balompie menos competitivo para cerrar su Curriculum Vitae en el Imphy-Decize, en La Baule y en el suizo Baulmes.

viernes, 20 de febrero de 2015

La altura, amigo invisible


"Notas que te ahogas en seguida, en la primera carrera que haces no te queda aire. Los equipos se parten mucho porque el que ataca no puede defender por la falta de aire. Cuando vas a 3.800-4.100 notas que las piernas no funcionan igual. Quieres pero las piernas no responden. Para acostumbrarte hay que estar pero yo con seis meses nunca me llegué a acostumbrar, no puedes correr lo que corres aquí. Se te queda la garganta seca, te dan muchas náuseas". 

Estas palabras las pronunció el jugador español David Mainz durante una entrevista con este blog. Acababa de volver a España tras militar en el Jorge Wilstermann y con ellas profundizaba acerca del mal de altura, sin duda el mayor enemigo para todo aquel que debe desplazarse a Bolivia para jugar un partido.

Dichas eventualidades las sufrió el River Plate en su visita al San José de Oruro. En una las ciudades situadas a mayor altura del mundo, 3.735 metros, los argentinos se descompusieron y acabaron viendo como su potencial se hacía añicos con dos goles en contra durante los últimos diez minutos. Un calvario que ya sufrió, por ejemplo, la albiceleste en el 2009.

Resulta evidente que Bolivia goza de una ventaja competitiva que no tienen otras naciones. La aclimatación de los allí nacidos les permite un mayor despliegue físico con el que en muchas ocasiones solventan las carencias técnicas de sus futbolistas. Es como si el rival jugara con una mochila o una bolsa de plástico en la cabeza.

La situación, si bien molesta, no había supuesto hasta la fecha una problemática excesiva. Sin embargo, en un fútbol cada vez más globalizado, la calidad de los profesionales se ha incrementado en todas las zonas y a donde esta no llega lo hace el dinero que permite fichar piezas interesantes para formar plantillas solventes. Así pues parece cada vez menos casual que clubes como el San José den la campanada ante el River Plate o que el Bolívar alcanzara la penúltima ronda de la Libertadores el curso pasado.

No se le pueden poner puertas a la naturaleza ni obligar a los equipos a disputar duelos fuera de casa hasta llegar a un término medio que haga a sus contrarios competitivos. Así pues todo hace indicar que estamos ante el progreso definitivo del fútbol boliviano, al que hasta ahora solo se le conoce un éxito en concepto de clasificación mundialista.

La ayuda extra que no le ha dado ni la economía ni las infraestructuras la traen, en un caso bastante particular, la evolución natural y el entorno. La duda es saber si la ciencia será más fuerte. Sin ir más lejos el River tomó sin demasiado éxito batidos que incluían viagra para afrontar su visita a Oruro. La lucha, de momento, es desigual.