martes, 3 de marzo de 2015

¿Qué ha sido de... Dmitri Kuznetsov?

Los tiempos en los que los futbolistas de Europa del Este colonizaron España tras la desaparición de la URSS quedaron atrás. La potencia económica de la liga local y la apuesta por otros mercados acabó con ese exilio masivo de nombres como el que os traigo hoy y de otros tantos como Popov, Radchenko y un largo etcétera.

Natural de Moscú, fue en la cantera del otrora renombrado Torpedo donde comenzó a dar sus primeros pasos. Fueron relevantes ya que apenas una temporada después había firmado por el CSKA, bajo cuyo férreo brazo desarrollaría los años siguientes de su carrera hasta el momento en el que las salidas al extranjero se normalizaron.

Llegó ese día y con él su traspaso al Espanyol, que posteriormente le cedería al club capitalino ruso para volver a repescarle. En esa segunda etapa disfrutó de tres campañas como perico si bien acabaría sufriendo un nuevo préstamo, esta vez a las filas del Lleida. Aquella gota colmó el vaso y el verano siguiente se cerró su fichaje por un Alavés que acababa de subir a Segunda.

Al final acabaría siendo vendido al Osasuna, donde solo duró unos meses antes de ser devuelto a su país vistiendo de nuevo la camiseta del CSKA. No tendría suerte y al siguiente mercado estival arrancaría su peregrinaje por el país en busca de los minutos que no le daban en uno de los clubes relevantes de la capital.

Arrancó la ruta en el Arsenal; el de Tula, no el de Londres. De ahí se trasladó a Nizhni Nóvgorod para enfundarse la elástica del Lokomotiv de la ciudad. Siguió a aquella experiencia otra en el Sokol Saratov, desde donde regresaría a su Moscú natal para aportarle algo a a ese Torpedo que le formó. Finalmente acabaría colgando las botas en el Volgar de Astrakhan.

Después de aquello no renunció al fútbol. Se hizo técnico del ya desaparecido Spartak de Chelyabinsk, formó parte de la red de ojeadores del CSKA de Moscú y jugó con las viejas glorias de la entidad algún que otro choque, se proclamó campeón de la Legends Cup con su selección y acabó de asistente en el Rubin Kazan. Allí sigue de momento según las últimas informaciones.

viernes, 27 de febrero de 2015

Los juegos de una generación

Lo reconozco, ahora que veo cercano el final del Parma siento nostalgia. No ya tanto del club, que también, sino de aquella época infantil en la que llevarle a lo más alto había supuesto todo un reto para mi. Horas y horas sentado delante del ordenador intentando fichar a los mejores para que dejaran tardes de gloria en el Ennio Tardini.

Para qué negarlo, yo también asocio muchos momentos de mi tránsito a la adolescencia con las jornadas intensivas del PC Fútbol. Más concretamente del PC Calcio, lo mismo pero centrado en un campeonato italiano que por entonces me sonaba a chino. Pese a ello era fácil dejarse seducir por el contenido de aquellos CD's, cuyos antecesores eran disquettes que exigían una combinación de escudos para poder jugar.

Promiscuo en mis elecciones, recuerdo no solo aquél Parma de ensueño sino un Empoli que se proclamó campeón de Europa en repetidas ocasiones gracias al aliento de una afición pixelada que disfrutaba con goles que nacían de combinar Shift y Enter. También tuve escarceos esporádicos con el ya extinto Padova. Bajo los palos estaba Walter Zenga y tan importante como ascender era vencer al Torino que siempre escogía mi primo. Una máxima rivalidad artificial que se trasladaba a los despachos cuando abandonábamos la habitación por turnos para que nadie descubriera los fichajes que pretendía el otro. Normal, el mercado era amplio y los trucos para cerrar las contrataciones variados.

Sin embargo la gloria exigía algo más. No bastaba con tener una buena plantilla, el cuerpo técnico y el personal debían estar a la altura. Jardineros, empleados de marketing, secretarios técnicos... todos sumaban para la causa. Se buscaba en ellos la excelencia de las cinco estrellas, ese elemento distintivo que permitía construir un estadio de 200.000 personas en tiempo récord y reducir a algo testimonial las roturas de ligamentos.

En frente, rivales con una dimensión que solo he sido capaz de entender con el paso de los años. Es el caso del Castel di Sangro, cuyo milagro me era ajeno y en el que despuntaba Gionatha Spinesi. El punta era un habitual en la tabla de máximos goleadores junto a otros nombres como el australiano John Aloisi, por entonces en el Cremonese.

La misma dinámica seguía el PC Fútbol, donde aún recuerdo gestas con el Murcia o el Realejos. Inicialmente en Segunda B, acabarían disfrutando con plantillas de ciento cincuenta jugadores en las que Weah o Shearer peleaban por un lugar en el once. Contaba todo Carlos Martínez y le daba la réplica Michael Robinson emitiendo sentencias en español macarrónico al estilo "¿Pero cómo puede disparar desde ahí sin prismáticos?" o "Madre mía, ese hombre debe comer carne cruda".

Después de aquello llegarían versiones renovadas con mejores gráficos en las que el Genk tenía dinero infinitivo y Uwe Rösler era objeto de deseo. Nada sería lo mismo. Todo se hizo más complejo desvistiéndose de su esencia. Para entonces yo había crecido dejándome seducir por nuevas formas de entretenimiento. Aún así el daño estaba hecho, tenía dentro de mi el virus del fútbol internacional.

miércoles, 25 de febrero de 2015

¿Qué ha sido de... Reynald Pedros?

Ahora que el Parma agoniza y afronta una situación de crisis, es un momento oportuno para hacer balance en esta sección hablando de algunos jugadores que en su día pasaron por la entidad. Es el caso del francés Reynald Pedros, que si bien no tuvo una carrera demasiado prolífica en el club, al menos llegó con un gran cartel.

Nacido en la localidad francesa de Orleans, este centrocampista al que llegaron a comparar con Zidane y que estaba llamado a tener mayor protagonismo en la selección gala hasta el fracaso de aquella generación que fue incapaz de viajar al Mundial de EEUU, tuvo que desplazarse algo más de trescientos kilómetros para labrarse un futuro.

Le echó el ojo el Nantes, en cuya cantera progresó hasta alcanzar el profesionalismo. No lo hizo en una época cualquiera ya que, dada su calidad, acabaría formando parte de aquella plantilla que sorprendería en la Liga de Campeonas gracias a su aportación y a la de otros futbolistas como Patrice Loko y Nicolas Ouedec.

Aquellas actuaciones le sirvieron para dar el salto a un grande del país como el Marsella y, casi acto seguido, a fichar por el ya mencionado Parma. Sin embargo allí no tuvo suerte con las lesiones en un vestuario que llegó a dirigir por aquella época el hoy técnico del Real Madrid, Carlo Ancelotti, En busca de minutos encadenó dos cesiones al Nápoles y al Lyon.

No encontró la continuidad ni allí ni en su regreso al Parma, por lo que acabaría rescindiendo con el club transalpino para regresas a tierras galas y enfundarse la camiseta del Montpellier. No sería la única entidad de su país de origen que le acogería al regreso ya que a esta aventura le siguieron otras sucesivas en el Toulouse y el Bastia.

Su trayectoria comenzaba entonces a decaer pero, pese a ello, se resistió a colgar las botas. Por eso se atrevería de nuevo a coger un avión para emprender escaramuzas exóticas en la ciudad bíblica de Nazareth y en el Al-Khor catarí. Hizo los últimos ingresos dignos de vida laboral y finalmente apostó por dejarse caer en los brazos del balompie menos competitivo para cerrar su Curriculum Vitae en el Imphy-Decize, en La Baule y en el suizo Baulmes.

viernes, 20 de febrero de 2015

La altura, amigo invisible


"Notas que te ahogas en seguida, en la primera carrera que haces no te queda aire. Los equipos se parten mucho porque el que ataca no puede defender por la falta de aire. Cuando vas a 3.800-4.100 notas que las piernas no funcionan igual. Quieres pero las piernas no responden. Para acostumbrarte hay que estar pero yo con seis meses nunca me llegué a acostumbrar, no puedes correr lo que corres aquí. Se te queda la garganta seca, te dan muchas náuseas". 

Estas palabras las pronunció el jugador español David Mainz durante una entrevista con este blog. Acababa de volver a España tras militar en el Jorge Wilstermann y con ellas profundizaba acerca del mal de altura, sin duda el mayor enemigo para todo aquel que debe desplazarse a Bolivia para jugar un partido.

Dichas eventualidades las sufrió el River Plate en su visita al San José de Oruro. En una las ciudades situadas a mayor altura del mundo, 3.735 metros, los argentinos se descompusieron y acabaron viendo como su potencial se hacía añicos con dos goles en contra durante los últimos diez minutos. Un calvario que ya sufrió, por ejemplo, la albiceleste en el 2009.

Resulta evidente que Bolivia goza de una ventaja competitiva que no tienen otras naciones. La aclimatación de los allí nacidos les permite un mayor despliegue físico con el que en muchas ocasiones solventan las carencias técnicas de sus futbolistas. Es como si el rival jugara con una mochila o una bolsa de plástico en la cabeza.

La situación, si bien molesta, no había supuesto hasta la fecha una problemática excesiva. Sin embargo, en un fútbol cada vez más globalizado, la calidad de los profesionales se ha incrementado en todas las zonas y a donde esta no llega lo hace el dinero que permite fichar piezas interesantes para formar plantillas solventes. Así pues parece cada vez menos casual que clubes como el San José den la campanada ante el River Plate o que el Bolívar alcanzara la penúltima ronda de la Libertadores el curso pasado.

No se le pueden poner puertas a la naturaleza ni obligar a los equipos a disputar duelos fuera de casa hasta llegar a un término medio que haga a sus contrarios competitivos. Así pues todo hace indicar que estamos ante el progreso definitivo del fútbol boliviano, al que hasta ahora solo se le conoce un éxito en concepto de clasificación mundialista.

La ayuda extra que no le ha dado ni la economía ni las infraestructuras la traen, en un caso bastante particular, la evolución natural y el entorno. La duda es saber si la ciencia será más fuerte. Sin ir más lejos el River tomó sin demasiado éxito batidos que incluían viagra para afrontar su visita a Oruro. La lucha, de momento, es desigual.

lunes, 16 de febrero de 2015

Top-10: Hermanos futbolistas

El deporte español escribió ayer un capítulo histórico con la presencia de Pau y Marc Gasol en el quinteto titular de los playoffs de la NBA. Ambos fueron protagonistas del salto inicial dejando una imagen para el recuerdo. Por este motivo en 'De paradinha' he decidido elaborar un top con las diez mejores parejas de hermanos en lo que a fútbol se refiere.

10. Ronald y Erwin Koeman: Holanda siempre ha sido un país de hermanos futbolistas, probablemente porque es territorio pequeño y con gran profusión de gente que lo practica. Tres aparecerán en esta lista, los primeros de ellos los Koeman. Por descontado, Ronald aportó mucho más al deporte rey que Erwin pero en cualquier caso este último fue un jugador bastante aprovechable.

9. Hossam e Ibrahim Hassam: Estos gemelos egipcios son leyenda en su país, al cual defendieron en el plano internacional más de un centenar de veces. Ibrahim ejercía como lateral derecho y Hossam como atacante. Destacó más el segundo, que es el máximo goleador en la historia de los faraones. Más allá de coincidir con la elástica del país africano, prolongaron los paralelismos al fútbol de clubes hasta el punto que siguieron trayectorias semejantes incluso a su paso por Europa.

8. Frank y Ronald de Boer: Otros dos hermanos muy unidos dentro del campo y fuera de él. Campeones de Europa a las órdenes de Louis Van Gaal, siguieron al técnico en su aventura rumbo al Barcelona. Frank aguantó un poco más que Ronald, pero luego se unió a este en el Rangers tras un breve paso por el Galatasaray. Ambos decidieron retirarse en Catar dejando tras de sí un currículum prolífico que también incluyó muchas tardes con la selección, 63 en el caso de Ronald y 112 en el de Frank.

7. Ottmar Walter y Fritz Walter: Solo dos veces en la historia una pareja de hermanos fue campeona del mundo. La otra saldrá más adelante pero de momento nos detenemos en esta. Miembros del combinado alemán que ganó en Suiza 54, donde realmente tuvieron repercusión fue en el Kaiserslautern. Hasta tal punto que el estadio del conjunto germano está bautizado con el nombre de Fritz.

6. René y Willy Van Kerkhof: Las penas, llevadas en familia, son menos penas. Eso es al menos lo que debieron pensar estos gemelos holandeses, que vivieron en su carnes las dos finales mundialistas perdidas de manera consecutiva por la 'Oranje'. En cuanto a los clubes, les disfrutó en plenitud el PSV. Los dos se retiraron allí si bien René emprendería un par de escaramuzas exóticas en Hong Kong y Grecia antes de colgar las botas.

5. Gary y Phil Neville: Hijos de un mismo padre y una misma madre, con apenas dos años de diferencia en favor de Gary ambos ocupaban el lateral. Resulta pues curioso ver a dos chicos criados en la misma casa batallar por un puesto en un gigante continental como el Manchester United. Aguantó más el mayor mientras que Phil acabó marchándose al Everton para seguir sumando kilómetros.

4.Michael y Brian Laudrup: El ADN de los Laudrup bien podría ser objeto de estudio. Convertidos, con permiso de Smeichel, en los dos mejores futbolistas daneses de todos los tiempos solo la magia del mayor eclipsó los goles y el buen hacer del pequeño. Eso sí, Brian siempre podrá presumir de haber conquistado la Eurocopa del 92.

3.Franco y Giuseppe Baresi: Curiosa la historia de los italianos. Naturales de la localidad lombarda de Travagliato, el Inter de Milán se quedó con Giuseppe y descartó a Franco. Si bien el primero rindió a buen nivel, hay motivos para arrepentirse de la decisión tomada toda vez que el desterrado es considerado uno de los mejores futbolistas de la historia en el eje de la zaga. Pese a todo triunfaron ambos, curiosamente en conjuntos rivales.

2. Bobby y Jack Charlton: ¿Cuántas posibilidades hay de que dos hermanos sean campeones del mundo en su país?. Los Charlton se encargaron de desafiar todas las leyes de la lógica y lo hicieron. Sin embargo no serán recordados solo por eso. Jack disputó más de seiscientos partidos en el Leeds y Bobby hizo lo propio en el United.

1.Sócrates y Raí: Hablar de dos hermanos que se han hecho legendarios en un país no es fácil. Si encima este es Brasil, son palabras mayores. Pertenecientes a generaciones diferentes debido a que entre ellos había un abismo de once años de diferencia, Sócrates fue popular no solo por su clase sino por su actitud fuera del campo. En el caso de Raí, vengó años después a su pariente conquistando la Copa del Mundo que le había esquiva.

viernes, 13 de febrero de 2015

Tiburón a la vista

El fútbol argentino vuelve. Y resulta difícil encontrar un partido mejor para hacerlo que el que medirá en el estadio José Amalfitani a una entidad mítica como Vélez Sarsfield con la gran cenicienta de la competición, un club que vuelve a probar las mieles del alto nivel después de varios años peleando por ello con más voluntad que acierto.

La llegada de el Club Atlético Aldosivi a la máxima categoría es el triunfo individual de una entidad modesta y al mismo tiempo el colectivo de una ciudad, Mar del Plata, que pese a ser la cuarta más poblada del país y una de las más conocidas a nivel internacional; nunca ha destacado por el potencial de sus equipos sobre el verde.

Aparece así entre los mejores un club fundado como tantos otros, gracias a los trabajadores de una empresa extranjera que buscaban aunarse en torno una actividad que les sirviera de esparcimiento en su tiempo de ocio. En este caso fueron los efectivos de la Sociedad Nacional de Trabajos Públicos de París, trasladada a la zona para la construcción del puerto local.

Reunidos en una confitería denominada 'El recreo', dieron forma a una idea a la que bautizaron con un nombre curioso. De hecho, buscar un motivo relacionado con la urbe resulta infructuoso. Aldosivi no es sino el acrónimo que forman los apellidos de los propiertarios e ingenieros de la empresa: Allard, Doufous, Sillard y Wiriott (este último hubo que escribirlo con uve debido a la ausencia de la uve doble en el telégrafo).

Peculiar la nomenclatura y también los colores, que comenzaron siendo el blanco, el azul y el rojo hasta que el dueño de la Tienda Victoria donó telas verdes y amarillos para confeccionar las camisetas. Ambos son los que dan vida a la elástica actual y al escudo, donde la aparición de un escualo les ha dado el sobrenombre de "El tiburón".

Así son, a grandes rasgos, los elementos distintivos de este invitado sorpresa. Con la ilusión por bandera y la presión que supone defender los intereses de una urbe que también puede celebrar a menor escala el ascenso a la categoría plata del Unión, nadie sabe hasta dónde puede llegar el Aldosivi. Suceda lo que suceda, Mar del Plata vuelve a brillar.

miércoles, 11 de febrero de 2015

¿Qué ha sido de... Jorge Fossati?

Pese a que desapareció hace veinte años, un equipo ha vuelto a ser noticia esta semana y no precisamente por algo positivo. O sí teniendo en cuenta que al fin los familiares de la víctimas del accidente aéreo en el que se vieron implicados varios jugadores del Green Cross chileno han encontrado el consuelo de saber qué fue de sus seres queridos.

De aquello hace ya mucho tiempo pero el espíritu del club sigue vivo gracias a la figura de hombres que prestaron sus servicios en defensa de esa elástica. Es el caso de Jorge Fossati, que hizo carrera sobre el verde antes de sentarse en el banquillo para desarrollar la labor por la que se le conoce actualmente.

Apodado como tantos otros el 'flaco' y con unos guantes como herramienta de trabajo en su trayectoria profesional, nació en Montevideo y se labró cartel en dos clubes de la ciudad como el Rampla Juniors y el Central Español. Fueron los pasos previos a su llegada al Peñarol, con quien conquistó cinco ligas.

Laureado a nivel nacional y con poco más que demostrar, comenzó cual estrella del rock un tour por el continente que le llevó a un total de cinco países distintos antes de su retirada. Arrancó el periplo en el Millonarios colombiano antes de fichar por el Olimpia paraguayo y el ya mencionado Green Cross de Temuco.

No acabaría en Chile el paseo ya que aún pasaría un tiempo en Argentina dejando sus paradas en el Rosario Central y el Mandiyú de Corrientes antes de ir a retirarse a Brasil, país en el que vistió las camisetas del Avaí y el Coritiba. Eran por entonces finales de los ochenta y Fossati decidió dejarlo a los treinta y ocho años.

Sin embargo no perdió el tiempo y pronto decidió que había una vida más allá, la de entrenador. Por eso, poco después, aceptó ponerse al frente del River Plate de Montevideo. Sería el trampolín para su regreso al Peñarol en una labor diferente. Una idea ilusionante que no tuvo continuidad, animándose a probar suerte en el Cerro Porteño.

Aquella excursión le sirvió para coger aire y retornar a Uruguay aceptando una oferta del Danubio. Inició entonces un largo periplo de cinco años entre medias del cual emigró a Argentina para hacerse cargo del Colón. Posteriormente aparecería en su vida el LDU Quito, que dejó cuando recibió la llamada de su selección nacional. 

Esa oportunidad fue sin duda un orgullo y el altavoz que necesitaba para llamar la atención de lugares más lejanos, Fue así como le llegó el encargo de entrenar al Al Sadd catarí y posteriormente al combinado del país asiático. El uruguayo acabaría dejando ese trabajo para someterse a una operación y nunca volvería.

Ya recuperado dijo sí a una segunda etapa en el LDU Quito, a quien llevó a levantar la Recopa Sudamericana. Ese éxito le abrió las puertas del Internacional del Portoalegre, que acabaría destituyéndole. Cogió entonces un nuevo avión rumbo a Oriente Medio para ejercer por segunda vez en el Al Saad catarí y en el Al Ain de Emiratos Árabes Unidos, con una nueva aventura en el Cerro Porteño entre medias. El punto final, al menos de momento, de su CV lo pone otra incursión en el Peñarol, del que dimitió el pasado mes de noviembre.