miércoles, 27 de mayo de 2015

¿Qué ha sido de... George Boateng?


El Sevilla aspira esta tarde en Varsovia a la conquista de la cuarta Europa League de su historia. Parece que fue ayer pero algo lejos queda ya la primera de ellas, en la que el Middlesbrough inglés era el rival de la tarde. Un equipo con varios rostros australianos, entrenado por Steve Mclaren y en el que militaba este mediocentro defensivo de perfil makeleliano.

Y es que con apenas 1.70 siempre ha sido necesario abarcar mucho campo y correr demasiado para hacerte un sitio como centrocampista de contención. Eso es lo que hacía Boateng, uno de tantos que portan ese apellido en el mundo del deporte rey. Nacido en Nkawkaw, no tardó en dar el salto a Europa.

Lo hizo en el Excelsior de Rotterdam, en cuyas inferiores se enroló antes de dar el salto al gran equipo de la ciudad. Tres años pasó en el Feyenoord en los que le dio tiempo a jugar una cifra de partidos cercana a los setenta. Suficientes para que le echaran el ojo a Inglaterra y comenzara su idilio con aquellas tierras.

El primero en catarle fue el Coventry, a donde se marchó después de que la entidad abonara por él una cifra superior a las doscientas mil libras. Entrenaba por entonces a la plantilla Gordon Strachan, bajo cuyo mandato logró brillar lo suficiente hasta el punto de ayudar al equipo a finalizar undécimo en la competición liguera. 

Por ello apenas aguantó una campaña, lo que tardó el Aston Villa en desembolsar por él 4.5 millones de libras. La inversión mereció la pena ya que disputó una cifra notable de encuentros con la entidad de Birmingham y acabó siendo vendido por una cifra superior al ya mencionado Middlesbrough, con quien disputaría como titular la final europea.

Aquél fue, probablemente, su momento de mayor gloria si no contamos con el brazalete de capitán que acabaría portando poco después. Ese honor se lo cedió Gareth Southgate, el mismo que poco después se lo acabaría quitando para dárselo a Pogatetz. Quizás por eso o simplemente porque le pareció mejor la oferta, acabó cambiando de camiseta para enfundarse la del Hull.

Lo hizo hasta que el club descendió, momento en el que sonó para el Celtic o el West Bromwich. Sin embargo, prefirió marcharse al Skoda Xanthi de la liga helena. Fue un viaje de ida y vuelta ya que, no mucho más tarde, se enrolaría en el Blackburn. Sería el paso previo a su retirada, que le llegaría jugando partidos para el T-Team de Kuala Lumpur. En Malasia ha echado raíces y lo último que se sabe es que, después de ser entrenador del Kelantan, ahora ejerce como director deportivo. 

viernes, 22 de mayo de 2015

Suena Míchel


Comienza a ser ya un clásico en Twitter. Cada vez que un entrenador es cesado o dimite, acto seguido caen en cascada en la red social comentarios con la palabra Míchel. Este viernes no fue una excepción y, coincidiendo con la más que probable salida de Ancelotti, una vez más el nombre del ex jugador del Madrid volvió a ser TT.

Pese a ello, y aunque parezca extraño, por primera vez en mucho tiempo no era él quien estaba en boca de todos sino alguien con su apellido que había decidido suplantarle a ojos de la opinión pública. Sin el 'ocho' a la espalda y muy alejado de la banda donde el español desarrollaba su juego, en esta ocasión los focos se centraban en Luis Míchel.

Este arquero, con varias noches de fútbol ya a sus espaldas, se convirtió en el pastor que guió al "rebaño sagrado" hacia un empate sin goles contra el Santos Laguna en la ida de las semifinales del Torneo Clausura 2015 mexicano. Una actuación que le reivindicaba además contra el único equipo nacional cuyos colores ha defendido lejos de Guadalajara.

Fueron apenas dos partidos que salpican la trayectoria de un Míchel cuyo idilio con el Chivas viene de largo. Nacido en Jalisco, se crió en las inferiores del club y con él ha vivido éxitos y desencuentros como el que aconteció cuando fue cedido al Saprissa costarricense. Pequeñas riñas que se quedaron en nada.

Míchel tuvo ayer una de sus grandes veladas, uno de esos partidos que quedarán para el recuerdo de este portero atípico acostumbrado a mirar más allá de lo que sucede en el verde. De ascendencia francesa, en sus venas se mezcla el gusto por la buena vida del país galo con el espíritu de trabajo del que no se conforma con lo que le ha tocado.

Y es que las mismas manos que hoy detienen balones las utilizó el futbolista para empaquetar y repartir en un negocio familiar relacionado con la gastronomía. Ese contacto con las labores cotidianas lo acabaría dejando de lado para ingresar en la universidad. Y no en una carrera del montón. 

El guardameta es ingeniero industrial, pero también ha estudiado habilidades directivas y finanzas. Incluso pensó en colgar los guantes cuando no tenía claro su futuro y marcharse a estudiar un Master a Europa. Más allá de eso entre sus gustos se encuentra la lectura y la música clásica, se maneja en la cocina e incluso ha hecho sus pinitos como actor.

Un producto perfecto cincelado en las inferiores que además se vuelca en acciones humanitarias, conserva a  su novia de toda la vida y habla un inglés casi de manual. El yerno ideal, hombre renacentista que se gana la vida bajo el larguero mientras piensa en su futuro. Ejemplo claro de que los estereotipos sobre los peloteros no siempre son acertados.

miércoles, 13 de mayo de 2015

¿Qué ha sido de... Benjamin Onwuachi?

La Juventus visita este miércoles el Santiago Bernabéu con el objetivo de superar la eliminatoria contra el Real Madrid y volver a una final de la Liga de Campeones en la que ya espera el Barcelona. No la hace desde el año 2003, cuando acabaría perdiendo en los penaltis tras el duelo transalpino contra el Milán.

Aún no superado el dolor que supuso perder aquel partido decisivo, el equipo turinés afrontó la siguiente campaña con ganas e incluso se animó a darle la oportunidad a un chaval que despuntaba en las inferiores como era el nigeriano Benjamin Onwuachi, que había llegado procedente de la cantera de la Reggiana a cambio de 450.000 euros.

El experimento no cuajó si bien cabe decir en su defensa que aprovechó el poco tiempo del que dispuso. En los únicos treinta y dos minutos que vistió la camiseta de la Vecchia Signora, con motivo de un partido de dieciseisavos de final de la Copa de Italia contra el Siena, fue capaz de anotar un tanto.

Aquella aparición fugaz fue motivo suficiente para que la Salernitana solicitara su cesión, algo a lo que la Juve accedió gustosa. A sus veintiún años él no lo sabía pero se encontraba ante su última experiencia profesional en Italia ya que, a su regreso, fue traspasado de forma gratuita a un club con fama de sacar buenos jugadores jóvenes como el Standard de Lieja.

No fue su caso ya que apenas duró allí una campaña antes de marcharse de nuevo gratis, en el mercado invernal del 2006, al Ionikos griego. No fue una decisión acertada ya que el club acabaría descendiendo a la categoría de plata. Él, creyente en sus posibilidades, dijo que se bajaba del barco y fue así como se fraguó su préstamo al KF Tirana.

Regresó pero el recorte económico vivido por la entidad helena acabó forzando una nueva cesión, esta vez al APOEL  de Nicosia.  Aquello no llegó a buen puerto y el Ionikos, deseoso de buscarle un destino, acabó deshaciéndose de él definitivamente mediante un traspaso al recién ascendido Kavala. Allí rindió sobre el césped, convirtiéndose en el cuarto máximo anotador de la competición, pero tras dos meses seguidos sin cobrar se marchó.

Esperándole estaba entonces el AEL Limassol, a donde llegó en agosto y se fue en enero con el vínculo entre ambos rescindido. De seis meses acabaría siendo también su siguiente contrato, con el Panetolikos. No terminaría ahí su periplo por tierras griegas ya que le darían aún una oportunidad el Skoda Xhanti y el Iraklis.

Cuando ya parecía acostumbrado a migrar entre Grecia y Chipre, rompió con todo y emprendió una aventura en Rumanía para vestir los colores del Otelul Galati. Más exótico sería su siguiente viaje, a territorio libanés para militar en el Salam Zgharta. Al final, y como la cabra tira siempre al monte, ha acabado en el Panserraikos desde el pasado enero.

viernes, 8 de mayo de 2015

La tardía madurez del Groningen


El Barcelona atraviesa su mejor momento de la temporada y se ha convertido, por méritos propios, en el principal aspirante a conquistar la Liga de Campeones. Varios son los factores de esa mejoría pero sin duda uno de ellos ha sido la adaptación del punta uruguayo Luis Suárez una vez superada la sanción que le hizo perderse los primeros meses con el equipo.

Resulta curioso que ese clímax del charrúa haya coincidido en el tiempo con el del primer club que le trajo a Europa procedente de su país natal. Para el común de los mortales, su árbol genealógico en el deporte rey no va más allá de las dos ramas del Liverpool y el Ájax. Sin embargo hubo un antes, también en Holanda, del que poco se habla.

Para encontrar ese punto de partida hay que desplazarse hasta el norte del país, a una localidad de espíritu universitario en la que se llevan haciendo bien las cosas desde hace muchas temporadas pese a que esa apuesta no haya traído consigo trofeos. Esa dinámica ha cambiado definitivamente este curso con la conquista del entorchado copero.

En una liga dominada casi de forma despótica por dos equipos, tres si incluimos al Feyenoord, se ha producido recientemente un cambio de tendencia. El AZ Alkmaar o el Twente sorprendieron coronándose como campeones y otros como el Vitesse han mejorado su rendimiento. A ese tren del cambio de tendencia no ha sabido subirse por contra el Groningen pese a que asusta mirar la lista de jugadores que han pasado por sus filas.

Convertido en un equipo puente, la entidad a la que definen como 'El orgullo del norte', ha asumido el rol de mercado de gangas. Un lugar al que acudir para comprar barato productos que cuestan mucho menos que su valor real. Contrariamente a lo que sucede con otros el Oporto o el propio Ájax, allí acude la clase media europea en busca de los talentos que les permitan dar un salto de calidad y en el futuro ingresar interesantes sumas.

Así las cosas, en lo que va de siglo esa mezcla de cantera y ojeo ha permitido vestir de verde y blanco a figuras como Arjen Robben, Marcus Berg, Tim Matavz, Dusan Tadic o Virgil van Dijk además del propio Suárez. De ellas solo este último y el ya mencionado Berg fueron traspasados por más de siete millones de euros.

Pese a ello ha sido esta campaña, en la que marchan octavos en la competición regular, cuando se han roto los pronósticos. La plantilla sigue siendo joven pero sus dos goleadores, Chery y De Leeuw, superan los veinticinco años y acumulan ya varias experiencias a sus espaldas. Lo que no consiguieron quienes hoy son estrellas lo han logrado sus menos mediáticos herederos. Paradojas del fútbol.

martes, 28 de abril de 2015

Milagro en el desierto

Lidiar con el gremio de los mineros no ha sido tradicionalmente una tarea sencilla. La jornada bajo tierra desgasta y, cuando la luz del sol vuelve a picar en los ojos, todo lo que hay alrededor se ve con mayor claridad. Son gente de otra pasta; con carácter, reivindicativos y duros. Si no, basta con mirar cinco años atrás para recordar a aquellos treinta y tres hombres que se agarraron a la vida hasta que tuvieron que sacarles casi de los pelos.

El episodio, que en Occidente recibió tratamiento de reality, se ambientó en el desierto de Atacama. En ese inhóspito lugar, donde el Dakar se refugió cuando dejó de ser el Dakar, sacó este fin de semana la cabeza el Cobresal para gritarle al mundo que es campeón nacional escribiendo una de las hazañas más improbables del balompié moderno.

A trece horas por asfalto de la capital, donde ni siquiera llegaba la lluvia hasta que el pasado 25 de marzo se presentó por sorpresa en su versión más cruel llevándose por delante a veintiséis personas, hay mucho tiempo para pensar y pocas cosas que hacer. Precisamente por eso, para evitar que la frustración hiciera más sonora la voz de los trabajadores de la minería, se creó el club con dinero de la empresa estatal del cobre Codelco a finales de la década de los setenta.

Un experimento sociológico que contra todo pronóstico salió bien, Tanto que en el año 1986, uno antes de que se irrumpiera con fuerza un tal Iván Luis Zamorano, la entidad logró clasificarse para la Copa Libertadores. Los chilenos sellaron su excursión con cinco empates y una victoria, lo que les convierte en el único aspirante que no sabe lo que es perder en la historia del torneo.

Ese título honorífico no fue la única herencia que quedó de aquello. Su participación entre los grandes les obligó a levantar un estadio de 20.000 butacas. La estructura, amortizable en cualquier localidad con cierta afición al deporte rey, fue algo así como ver aterrizar un OVNI para los 8.000 vecinos que allí habitaban.

Descartada la idea de un lleno cada fin de semana, las cifras de asistencia a las gradas fueron incluso decreciendo cuando se empezó a hablar del cierre del campamento y los habitantes se desplazaron hacia otras zonas para ganarse el sueldo. Así las cosas, apenas se han vendido novecientos papeles de media este curso y tan solo mil quinientas almas según las crónicas podrán contarle a sus nietos que vieron en directo el éxito de una plantilla atípica.

En el banquillo el argentino Darcio Giovagnoli, un culo inquieto que apenas sabe lo que es entrenar más de una campaña seguida a un club. Arriba Donoso y Cantero, autores de diecisiete de los veintiocho goles de su equipo. Y bajo los palos Nicolás 'El loco' Peric, el mismo que el día de su veintiséis cumpleaños fue capaz de marcar un tanto desde noventa metros y acto seguido dar positivo por un consumo de cocaína que él siempre negó.

Héroes improbables predicando en el desierto, escribiendo su leyenda en un territorio de aspecto marciano. Versos sueltos que como los mineros que les alientan han salido adelante con voluntad y corazón, vistiendo de corto y con el casco del escudo sobre sus cabezas. Suyo es ahora el orgullo de un pueblo, el cariño de una nación y el respeto de todos aquellos que odian el fútbol moderno.

viernes, 17 de abril de 2015

Crisis en el paraíso

Dice el tópico que hay derrotas y derrotas. Algunas escuecen más, otras menos y otras abren brechas en estructuras aparentemente sólidas. A esta última categoría corresponde la que vivió el pasado miércoles el Bayern de Múnich en su visita a Porto con motivo de los cuartos de final de la Liga de Campeones.
Llegaba el conjunto bávaro tranquilo y confiado, con la vitola de ser el gran candidato a proclamarse campeón de Europa y la seguridad de pasar una eliminatoria en la que era claramente favorito. Salió de O Dragao escaldado, con más dudas que certezas y daños evidentes. En el país de la felicidad, donde todo parece manar leche y miel, también hay oscuridad.

Lo fácil en este tipo de situaciones es apuntar al banquillo y en este caso no hay excepción. En un club con la exigencia del Bayern, donde quienes mandan saben lo que es disfrutar del éxito como jugadores, hay poco lugar para la paciencia. Guardiola empieza a encontrarse solo en medio de una manada de lobos.

Pasearse por el feudo nacional dejando tierra quemada ya no es argumento suficiente para el entrenador español. En Múnich se quiere la Champions League a toda costa y aunque nadie duda de la capacidad del plantel para darle la vuelta a la eliminatoria con un chasquido de dedos, la sombra del 0-4 blanco el pasado curso ha vuelto del cajón donde parecía encerrada.

Han bastado solo dos resultados dubitativos para hacer saltar las costuras de un traje que parecía hecho a medida. Tanto que ya hay versiones encontradas, las que dicen que desde el palco se apoya ciegamente a su timonel y las que hablan de una conversación dura en el vestuario tras el 3-1 contra los portugueses.

Sea como sea no hay calma en la mar y el técnico empieza a verse desbordado por situaciones que no funcionan como a él le gustaría. La última ha sido la plaga de lesiones que ha castigado al vestuario. Jugadores importantes han ido tumbándose por tandas en las camillas, algo que ha irritado a Guardiola y ha afectado negativamente a la dinámica.

Esa situación kafkiana, desquiciante para alguien metódico, se plasmó en una tensa relación con los servicios médicos. Un capítulo que ha acabado en final inesperado, con este último dimitiendo en bloque alegando falta de confianza. El feo gesto de Guardiola aplaudiéndoles irónicamente sobre el verde tras los problemas físicos de Benatia hizo saltar la alarma. Responsabilizarñes en gran parte de lo de tierras lusas, el golpe definitivo.

Pep ha ganado pues la batalla pero se abre ante él una situación compleja. Sin la opción de parapetarse detrás de los galenos, aunque la realidad le da en gran parte la razón, queda solo ante el peligro. A pecho descubierto afronta ahora la parte más compleja de la temporada con la obligación casi imperiosa de remontar una eliminatoria compleja. Si sale airoso, aún le quedarán dos guerras hasta la 'orejona'. Lo único que vale en el Allianz.


miércoles, 15 de abril de 2015

¿Qué ha sido de... Igor Gluscevic?


No recuerdo muy bien el motivo, pero el otro día vino a mi cabeza aquél Extremadura que pisó la Primera División. Un equipo amable, humilde, que tuvo una gloria efímera y soñó en convertirse en ascensor sin llegar a consolidar esa condición. En aquella plantilla había muchos españoles, muchos argentinos y además un tipo que no pegaba demasiado a simple vista.

Su nombre era Igor Gluscevic y respondía a la típica figura del delantero gigante cuya principal misión era situarse en posición de remate y ejecutar cuando le llegaba el balón. Aquella labor, que parecía sencilla, lo era más cuando mides 1.90. De hecho, si los comentaristas de la época hubieran buscado en el atlas probablemente le habrían bautizado como el faro de Budva, localidad montenegrina de la costa del adriático que le vio nacer.

Fue el lugar donde vivió sus primeros años y donde comenzó a despuntar en el deporte rey. Tanto que al final acabó firmando por un equipo de entidad en la zona como la Vojvodina de Novi Sad. Por entones aquél era un escaparate interesante por el que pasaban clubes de ligas importantes para hacer sus compras veraniegas y navideñas.

Gluscevic respondía a estas últimas ya que aterrizó en España con motivo del mercado de enero. Buscaba el Extremadura un revulsivo y, a decir verdad, el punta no cumplió como tal. No al menos en la máxima categoría si bien el tiempo, y su papel en la temporada que siguió al descenso, acabarían justificando la contratación.

El punta bajó junto al resto de sus compañeros pero una vez en Segunda, cumplió con las expectativas proclamándose máximo goleador de la categoría. Ese éxito personal impulsó al colectivo hacia la Liga de las Estrellas, pero él decidió quedarse por el camino y repetir experiencia en la división de plata.

La decisión, aunque sorprendente, tenía justificación toda vez que fichó por el Sevilla. El cartel del club hispalense, y probablemente el dinero, le convencieron y de nuevo él respondió sobre el campo. Convertido en talismán, volvió a subir con la entidad que le pagaba y también a hacer la espantada, en esta ocasión rumbo a Grecia.

Su paso por el Aris de Salónica fue efímero y apenas duró una campaña. lo que tardó en moverse a Holanda para defender los colores del Utrecht. Allí encontró cierta estabilidad y solo se marchó para cambiarse en un vestuario con cierta solera como el del Sparta de Praga, al cual le acompañó su hermano Vladimir. Apareció por la República Checa en enero y se fue en el mismo mes del año siguiente.

Le esperaba otra vez la Eredivisie, en este caso el Vitesse. Sin embargo su figura empezaba a ser ya crepuscular y por ese motivo decidieron prestarle a un lugar poco usual como China, en concreto al Shandong Luneng. Un camino de ida y vuelta previo a la retirada, que le sorprendería en el Heracles Almelo.