lunes, 14 de abril de 2014

RNK, trabajo y lucha


Situada a orillas del Adriático, solo el deporte quiebra la calma en Split. El Hajduk, orgullo local toda vez que la Jugoplastika de baloncesto sufre una suave decadencia bajo su nueva denominación, es un elemento cohesionador entre los habitantes. Especialmente cuando el calendario dibuja el nombre del capitalino Dinamo de Zagreb, anunciando una nueva edición del llamado "Derby eterno" del país.

Sin embargo existe una rivalidad que difícilmente abandona la ciudad y desde luego pasa desapercibida para el extranjero común. Se trata del enfrentamiento local ante el RNK, que ayer vivió una nueva edición. Como es costumbre cuando algo así acontece en cualquier parte del mundo, hubo pocos goles. Eso sí, una intensidad acrecentada por la voluntad de ambas partes a la hora alcanzar puestos europeos. Venció el Hadjuk, que además se llevó de premio una ventaja de puntos casi definitiva. El poderoso pisaba una vez más al débil, metáfora que sirve para ilustrar la idiosincrasia del club minoritario.

Frente a los títulos y el boato de su despreciado vecino, el RNK (Radnicki Nogometni Klub) siempre se ha caracterizado por una profunda conciencia revolucionaria vinculada al anarquismo. Esa corriente política fue la placenta donde se incubó la entidad, cuyo nombre traducido es "Club de los trabajadores" y que en sus inicios, cuando lo fundaron unos estudiantes, llegó a conocerse como Anarch.

Desde entonces han pasado muchos partidos, muchos goles, muchos futbolistas... y desgraciadamente varios conflictos bélicos. Ninguno le ha resultado ajeno al equipo croata, que no dudó en ayudar con efectivos a diferentes causas. Sucedió, por ejemplo, en la Guerra Civil española. Motivados para hacer frente a las tropas franquistas, propusieron una expedición de voluntarios que finalmente no cuajó.

El compromiso se trasladó años después a la Segunda Guerra Mundial. Implicados en la resistencia contra la el invasor italiano, 120 jugadores y ex jugadores perdieron la vida luchando al lado de Josip Broz "Tito". Un duro golpe para el país, para la ciudad y sobre todo para el RNK; que se negó a participar en la liga transalpina.

Con el paso del tiempo el color negro ha tornado en rojo y los ideales se mantienen más en lo moral que en lo palpable. Sin embargo se ha vivido una evolución deportiva de la mano de Slaven Zuzul, un empresario de éxito que antes había trotado por el césped hasta que una grave lesión le impidió seguir haciéndolo. Después de tres ascensos consecutivos coronados con una clasificación para la Liga Europa, el club crece a cada año que pasa.

Algo que no pasa desapercibido para los futbolistas. Dos viejos conocidos de la liga española como Dujmovic y sobre todo Mate Bilic, han potenciado la plantilla. Con calma y sin renunciar a las bases que sustentan una historia donde el fútbol empezó siendo la excusa para airear unas ideas políticas, el RNK vive su momento dulce. Es el regalo para un club combativo por naturaleza.

Con motivo de las vacaciones de Semana Santa, el blog permanecerá inactivo hasta el próximo lunes día 21 de abril. Disculpad las molestias.

viernes, 11 de abril de 2014

Hablando de fútbol con... Naya (ex jugador del Al Yarmouk): "En Kuwait llegué a ver de copiloto a un leopardo"

Hace unos meses José Antonio Sánchez Naya cambió el verde y los cielos encapotados de Asturias por el calor sofocante y la arena de Kuwait atraído por una oferta del Al Yarmouk. Hoy ya está de vuelta en casa defendiendo los intereses del Caudal de Mieres. Pese a ello no se arrepiente de la experiencia vivida en un país singular. Las diferencias culturales, la escasez de público en las gradas y de alcohol en los bares o la visión de un leopardo subido a un coche son algunos de los temas que salen a la luz en esta entrevista con "De paradinha".

http://www.ivoox.com/entrevista-a-naya-ex-jugador-del-al-yarmouk-audios-mp3_rf_3017370_1.html

miércoles, 9 de abril de 2014

¿Qué ha sido de... Igor Dobrovolski?


Ahora que el Atlético ha logrado posicionarse como uno de los mejores equipos de Europa es buen momento para mirar atrás y dar más valor si cabe a lo conseguido tras analizarlo con perspectiva. Y es que muchos son  los futbolistas que han pasado sin pena ni gloria por el conjunto colchonero en un pasado no demasiado lejano, algunos de los cuales ya han tenido sus líneas de gloria en este blog.

Hoy os traigo a un hijo de la URSS que además fue internacional con el llamado CIS y con Rusia. Todo ello pese a nacer en Ucrania y ser de origen moldavo. Esa papilla multicultural le convirtió en uno de los favoritos para sus paisanos, especialmente en sus inicios. Eran días en los que se mostraba intratable y hacía goles como el que pone sellos en un a oficina.

Formado en Tiraspol, dio el salto profesionalismo de la mano del Nistru Chisinau, actualmente conocido como Zimbru. Poco tardó en demostrar sus cualidades y formar parte de las agendas de algunos clubes importantes de Europa del Este. Le fichó el Dinamo de Moscú con diecinueve años y le dio la visibilidad suficiente para que pudiera disfrutar de la que probablemente ha sido la actuación más memorable de su carrera.

Fue en Séul, durante los Juegos de 1988. Imbuido por el espíritu olímpico y con el fulgor de la llama centelleando en sus retinas, solo Romario le quitó el privilegio de convertirse en el máximo goleador del torneo. Como era de esperar, aquella gesta le valió varios reconocimientos. Uno de ellos, el de mejor jugador soviético dos años después, en 1990.

Ya sonando en el plano internacional, le llegó el momento de dar el salto a una gran liga. Probó en el Calcio aceptando una oferta del Génova. Sin embargo aquella experiencia no salió como esperaba y acabó siendo cedido al Castellón. A ese préstamo le seguiría otro más prolífico en el Servette suizo que le valdría para llamar la atención del Olympique de Marsella.

Sin excesivo brillo, volvió al Dinamo de Moscú. Allí recuperó las buenas sensaciones y el toque que le había servido para hacerse un nombre. Tanto que llamó la atención del Atlético de Madrid. En un acto multitudinario, el club colchonero le presentó junto a Delfí Geli y el "Tren" Valencia. Aquel acto anecdótico resultó lo más llamativo de su paso por la capital de España.

Escaso en la producción, el verano siguiente decidió tomarse un año sabático. Para sacarle de la nostalgia y la inactividad llegó el Fortuna Dusseldorf, entidad que le ayudaría a recobrar la confianza y a tener minutos. Agradecido por el gesto, esa sería la ciudad que eligió para colgar las botas. Al menos momentáneamente, ya que el gusanillo balompédico volvió y se animó aún a dar patadas en el Tiligul-Tiras Tiraspol.

Seleccionado como jugador-entrenador de aquél vestuario, detectaron en él la vocación suficiente como para adjudicarle el cargo de seleccionador nacional moldavo. Tras renunciar en 2009, se mantuvo pertinaz con el sueño de convertirse en un entrenador de renombre. Sin salir de Chisinau; el Dacia y el Veris han sido los últimos que han apostado por él.

lunes, 7 de abril de 2014

Baird consigue "su" medalla


Purgando las penas por sus pecados capitales, el Rangers continúa con su irremediable escalada hacia la Premier League escocesa. Allí le espera con los brazos abiertos el Celtic, aburrido de ganar por decreto. El trayecto, tortuoso, pudo dulcificarse ayer si los protestantes hubieran conquistado uno de los pocos títulos que le faltan en su vitrina a nivel nacional. El mismo que difícilmente levantará algún día su enemigo.

Los de Glasgow dejaron escapar la segunda de sus previsibles tres bolas de partido en la Scottish Challenge Cup. Torneo destinado al trío de escalones inmediatamente inferiores a la máxima categoría, cabe esperar que el curso que viene sea la última oportunidad. Eliminados en cuartos el pasado ejercicio, la derrota en la final de esta campaña ha sido un contratiempo inesperado.

Pese a estar en un nivel superior, todo el mundo daba por hecho que el Raith Rovers acabaría claudicando. Sin embargo el guión se escribió de otra manera gracias, en gran parte, al jugador que hizo el único tanto del choque. Un trotamundos que se ha recorrido el país con la bolsa de deportes a cuestas intentando solucionar una deuda pendiente.

Llamado y apellidado igual que el inventor del televisor, John Baird era en Edimburgo un hombre feliz. Su equipo, campeón de Copa de la Liga en 1994 ante el Celtic, se había convertido en uno de los pocos capaces de vencer en dos finales oficiales a los contendientes del Old Firm. Él, que había pasado por la cantera de ambos, en un hombre que podía respirar tranquilo y limpiar su conciencia.

Peregrino con parada en varias plazas, un partido le dejó marcado especialmente. Sucedió mientras defendía los colores del Saint Mirren con apenas diecinueve años. Hipermotivado como cualquier joven de su edad y ansioso por comerse el mundo, él y sus compañeros alcanzaron el duelo por el título en esta misma competición. Sin embargo un capricho técnico o cualquier otro motivo de origen ignoto provocó que su nombre no figurara entre los elegidos para batirse el cobre aquella gran tarde. Frustrado, su sitio estaba en la grada. Allí debía comerse la uñas y confiar en que todo saliera de la mejor manera posible.

El objetivo se cumplió gracias al buen hacer de un elenco que contaba, entre otros, con Mark Reilly. Apodado como uno de los personajes de la legendaria serie "Coronation Street", este veterano de mil batallas ya sabía lo que era el éxito en el torneo tras paladearlo con el Kilmarnock. A las puertas de su retirada, repetir el triunfo era satisfacción suficiente. Un recuerdo que no necesitaba de elementos físicos para permanecer imborrable.

Quizás por eso la medalla que acompañaba a su hazaña no era más que un regalo material sin excesiva importancia ni valor. Después de todo lo sufrido a lo largo de su carrera, aquel objeto era algo fútil que acabaría cogiendo polvo en alguna estantería. Un privilegio al que otros picapedreros del balompié probablemente nunca pudiera acceder.

Pensando que el del barbilampiño Baird acabaría siendo uno de esos sueños incumplidos, decidió entregarle la presea en medio de la euforia. El gesto fragmentó al delantero, que rompió a llorar de la emoción y corrió a entregársela a su madre para que la guardara. En la previa aún recordaba el gesto si bien reconocía que, aunque la conservaba, nunca llegó a sentirla como suya. Hoy ya puede decir que le pertenece por méritos propios.

miércoles, 2 de abril de 2014

¿Qué ha sido de... Gregory Vignal?

Después de mucho tiempo sin hacerlo, el Liverpool vuelve a tener motivos para sonreír. Su espectacular racha en los últimos partidos, coronada con el liderato momentáneo en la Premier, hace recordar a algunos su mejor versión. Tiempos no muy pretéritos en los que el equipo rendía muy bien en Europa y se obsequiaba de vez en cuando con alguna copa nacional.

La campaña que permitió a los "Reds" volver a creer en sí mismos fue la 2000-2001, curso de resurrección que coronaron con el triunfo en aquella oda al fútbol que fue la final del Westfalen contra el Alavés. En el banquillo aquél día, en realidad casi todos los días, estaba este lateral francés. Por entonces se trataba de un futbolista prometedor que había llegado procedente del Montpellier a cambio de medio millón de libras.

Nacido en esa localidad gala, sus primeras patadas al balón las dio en Le Crès; una ciudad dormitorio situada a poco más de seis kilómetros. Su calidad fue la que llevó al club importante de la zona y la que le permitió destacar en el Mundial sub-18 de Argentina, donde su combinado nacional acabaría cayendo en cuartos ante los anfitriones y futuros campeones.

Sin embargo esa relevancia no fue suficiente para que lograra hacerse un hueco en el once titular. Con la llegada de Riise, la situación vivida en la campaña de su estreno comenzó a ser una rutina. Así las cosas, a mitad de la temporada 2002-2003 regresó a Francia para desarrollar su actividad en el Bastia como cedido. Una vuelta a los orígenes que repetiría el siguiente verano, esta vez para defender los intereses del Rennes durante unos meses.

Encadenando préstamos llegó al Espanyol, por donde pasó con más pena que gloria. Desconcertado y sin oportunidades en el Liverpool, aún le enseñarían una vez más la puerta de salida. Su destino fue esta vez el Glasgow Rangers. En Escocia resurgiría demostrando alguna de las cualidades que le habían convertido en una joven promesa. 

Ya libre se marchó al Portsmouth, entidad que acabaría prescindiendo de sus servicios al no convencer a Harry Redknapp. Para darle cobijo apareció el Lens. Ambos formarían una vinculación poco prolífica ya que poco después de llegar, Vignal hizo las maletas para probar suerte en el Kasierslautern. Tras retornar en verano para coger sus pertenencias, puso rumbo al Southampton, donde permaneció una temporada.

Finalizado su contrato con el Lens, aceptó una prueba con el Birmingham. La buena actuación contra el Sporting en un amistoso le dio la oportunidad que buscaba. Pese a ello una lesión le restó continuidad. Descartada la opción de prolongar su estancia en la ciudad, entrenó con el Sheffield United y el Cardiff antes de cortar por lo sano y enrolarse en el Atromitos ateniense.

La aventura duró un otoño, lo que tardó en quedarse sin equipo. En esa situación estuvo unos meses hasta que el Dundee le devolvió a la SPL. Sin embargo, pasados dos meses sin disputar un solo minuto, rescindió sin dudarlo y se topó de nuevo con el paro. Afortunadamente le sacó de esa situación un ex compañero, Xavier Collin. Entrenador de Béziers, le convenció para que rechazara ofertas de Ligue 2 y firmara por su club. Allí sigue, compaginando su actividad con la presidencia de un club de Palavas.

Por falta de tiempo este viernes me será imposible actualizar el blog. Disculpad las molestias causadas.

martes, 1 de abril de 2014

Denis, el mensajero

Después de que varios aficionados sacrificaran su fin de semana para pintar y retirar escombros, la tribuna lateral quedó lista para la acción el pasado junio. Lejos de las estructuras faraónicas y los estadios con forma de huevo interestelar, este era un proyecto cincelado por las manos de aquellos que tampoco dudan en sacrificar sus gargantas.

Toda una obra de ingeniería colectiva en beneficio de un objetivo común, vestigios de potrero que se difuminan entre las botas fosforescentes y los peinados imposibles que acompañan a los iconos globales. Contra ellos juega, desde hace tiempo, el hombre que bautiza esa grada levantada con cemento y sudor. Nadie mejor que él para poner la firma.

El triunfo no aparece solo, menos para aquellos que buscan triunfar sin ser bendecidos con el don de la técnica. En esos casos llegar a lo más alto cuesta el doble, el triple si los goles son el único arma que alimenta su leyenda. Los aciertos son directamente proporcionales al valor de mercado y al cariño del hincha. Los fallos, sonido de viento y letras emponzoñadas en los diarios deportivos.

Por esta última fase ha pasado en varias ocasiones Germán Denis, un punta corpulento cuyas espaldas tienden a dejar el marco contrario en dirección sur para que los residentes de la segunda línea encuentren la gloria mirando al norte. Pese a ello, cuando otros empiezan a bajar los brazos él ha conseguido cambiar su destino bendecido por una madurez tardía.

Todo un alivio entre los habitantes de Remedios de Escalada, localidad de la provincia de Buenos Aires que durante un tiempo temió ver a su paisano más ilustre abandonado en esas cunetas balompédicas a las que van a parar quienes en un momento u otro se despistaron. Ahora pueden sacar pecho y equiparar a ese chico que corría por las calles detrás de un balón con ilustres como Ángel Bossio, arquero al que apodaban "La maravilla elástica" cuando se proclamó subcampeón del mundo en 1930, o Javier Zanetti. Triunfadores ambos, pasaron antes o después por el Talleres de la localidad. La entidad, en reconocimiento a los servicios prestados, les hizo un hueco en los cimientos.

Tocado de negro y azul por obra y gracia del Atalanta, el atacante argentino está de moda en un gremio, el de los rematadores de área, tradicionalmente regido por italianos. No es el único extranjero tras la irrupción de Llorente, pero si quizás el más regular de un tiempo a esta parte. Cuando cumple, lo hace su equipo. Tal es así que los bergamascos han puntuado en siete de los nueve partidos en los que ha visto portería.

Defenestrado por el Nápoles y el Udinese, sale a un mínimo de quince dianas por temporada desde que fue presentado con su actual club. Y esta campaña amenaza con subir la media. A sus treinta y dos años, ha ganado en carácter y en personalidad. Los charcos que otros sortean, él los pisa y se moja. Es un tanque proletario que tensa sus músculos para celebrar cada tanto cuando no ejerce de altavoz social.

Lo demuestra cuando puede. Dotado de una virtuosa habilidad para hacerle goles al Inter de Milán, utiliza la cuota de pantalla que le dan sus actuaciones ante los nerazzurri para contarle al mundo lo que pasa con el único lienzo de una camiseta blanca. Una prenda sencilla que puede colarse en los noticiarios si el mensaje es claro y conciso. Sucedió cuando se acordó de los afectados por el temporal que asoló su país en 2013 y también cuando exhibió una letra K tachada que hizo revolverse en su trono dorado a Cristina Fernández de Kirchner. En un tono más desenfadado, mandó también un mensaje de cariño a su madre después de castigar al Lazio.

Con la salvación en una mano y seis victorias seguidas en la otra, algo que hasta ahora no había sucedido nunca en la historia de La Dea, el más difícil todavía se llama Europa. Sería la gloria para él y la sonrisa para aquellos ciudadanos anónimos que se juntan frente al televisor para ver sus goles y cuidan de su parcela de terreno por si algún día decide volver a vestir de rojo y blanco.

viernes, 28 de marzo de 2014

La Copa que nadie quiso

La Copa, caprichosa, volvió a juntar ayer sobre el césped a los dos grandes equipos de la capital rumana. Fue un partido con alternativas que el Steaua se llevó por su gran eficacia en el tramo final de la primera parte. Tres goles en menos de diez minutos desmontaron a un Dinamo que por entonces aguantaba el empate en territorio ajeno y que acabó cayendo por 5-2.

Acostumbrados a los cruces recurrentes entre los dos colosos del país, este no pasará a la historia. Pero sí lo hará, de hecho lo hizo, el que midió hace veinticinco años a ambos en la final del mismo torneo. La rivalidad, mezclada con un trofeo en juego y la terrible situación política que atravesaba la nación, generó una situación rocambolesca que hasta hoy sigue siendo uno de los paradigmas de la injerencia de las altas estancias en el mundo del deporte.

Por aquella fecha ambos clubes vivían polarizados y estigmatizados, trasladándose su competencia a aspectos ajenos al verde. De un lado aparecía el Steaua, equipo vinculado al ejército que hacía las delicias de la familia Caucescu. De hecho era Valentin, uno de los hijos del dictador, quien movía los hilos de una plantilla que llegó a encadenar 119 partidos sin perder en Liga y Copa. Un dato sospechoso al que acompañaba una planificación deportiva despótica, esa que impedía a los jugadores marcharse al extranjero y que permitía a la entidad expoliar sus estrellas a los rivales con la excusa de reclutarlas para la formación militar.

De otro lado estaba el Dinamo, conjunto emparentado con la policía secreta. Si "arteras" eran las tácticas de su máximo rival, las de la Securitate no le iban a la zaga. Su control de todo lo que se movía en los bajos fondos del país y su capacidad para generar situaciones controvertidas en la sombra y venderlas como accidentes, eran temibles. Sin llegar al nivel de su enemigo, eran los únicos en condiciones de plantarles cara de forma digna con un balón por medio.

Así lo demostraron el día de autos, una jornada en la que junio caneaba y agosto pedía paso. Ante miles de aficionados entregados a la causa, el duelo que decidía el título copero se desarrollaba por los cauces de la igualdad. Lacatus, ex delantero del Oviedo, había puesto en ventaja al Steaua. Sin embargo otro atacante con pasado en España, Florin Radiocioiu, fabricó el empate con el que se encaraban los minutos finales.

Con el escenario así montado, apareció Gica Hagi. El ídolo rumano, que había llegado al Steaua en un préstamo de diez días para disputar la final de una Recopa y se acabó quedando cuatro años por el placer que producía su juego en los que mandaban, realizó un desplazamiento en largo que encontró la bota de Balint. El punta, al que luego disfrutarían en Burgos, puso el lazo y marcó un 2-1 que parecía definitivo.

Sin embargo cuando la pelota acarició la red, en la banda había un linier con el brazo en alto. Una decisión que no gustó en la zona noble donde se sentaban los hombres fuertes del teórico ganador y que tuvo una consecuencia inmediata. Con un gesto, Valentin Caucescu obligó a los suyos a abandonar el campo como represalia; regalándole el entorchado a los perros rojos.

Esa decisión unilateral no fue del agrado de su padre, que desconocía el significado de la palabra perder. Orgulloso desde la cuna, estimó que entregar el premio como si nada hubiera pasado era un lujo asiático. Por ello se encargó de alterar el relato. Cuarenta y ocho horas después, la misma Federación que había declarado ganador al Dinamo por abandono cambiaba de parecer y coronaba como campeón al Steaua alegando que el gol había sido legal.

Un escarnio que indignó a la opinión pública y dejó al club en una posición lamentable. Tal fue así que, después de que el sátrapa fuese ejecutado junto a su mujer, se ofrecieron a entregar el galardón al Dinamo. Pese a ello se encontraron con la oposición de este, que disfrutaba más viendo como las vitrinas de su odiado vecino estaban manchadas por la vergüenza. Y así siguen ya que la el ente que rige los designios del balompié rumano se ha negado a cambiar su decisión por tercera vez.