viernes, 23 de julio de 2010

Resaca de un fracaso mundialista (y IV): Italia

Claro está: el fútbol no saca a un país de la crisis. Pero su actitud, su afición, a veces se convierte en un extraño espejo de sus ambiciones. El lunes 12 las calles de Madrid echaban humo; Italia se silenció el día que Eslovaquia le dio su merecido, en un partido que ni siquiera los propios italianos alcanzaban comprender, callados, rabiosos, incrédulos y con el deseo, en realidad, de que su equipo desapareciera lo antes posible del mapa.

Italia corrió un tupido velo el día 24 de junio. Apenas unos días antes, burlaba la eliminación de Francia, su eterno rival. “Qué vergüenza de Francia”, decían los comentaristas. Poco después se resignaron a callar.
Los bares se quedaron vacíos. El ‘calcio’ –por primera vez en cuatro años- pasó a un segundo plano y, en pleno Mundial, nadie tenía ilusión por ver rodar el balón. En Roma, la pantalla gigante que habían instalado en Villa Borghese se hizo invisible. El Mundial se quedó en una atracción turística. Desaparecieron de los escaparates todos los artilugios que hasta entonces habían hecho gala del “made in Italy” más osado: ropa interior de Dolce Gabanna, mochilas de Armani, pegatinas, estuches... Ni rastro. Los taxistas cambiaron de dial y se pasaron a la radiofórmula, y preguntar por cómo había terminado tal o cual partido era meterse en un litigio innecesario.

Durante unas horas, el país vivió entre la decepción y la incredulidad. Poco después, al día siguiente, los periódicos hablaban de vergüenza, responsabilidad que asumió el propio entrenador, Marcello Lippi. Mantuvo la misma fórmula, pero el equipo llegó “con miedo en las piernas, en la cabeza y en el corazón”, dijo. Palabras muy poéticas a las que habría que añadir falta de ganas y el exceso de confianza de los ganadores. La soberbia del campeón.

Y quizás a eso se refería Lippi cuando atribuía el fracaso a “motivos psicológicos”. También a las dos bajas, Buffon y Pirlo, que serán los “intocables” de la nueva selección. Mientras, la prensa lo tenía claro -“no hay excusas”- y la Liga Norte acudía a su manido discurso federalista -“con jugadores de Padania esto no habría sucedido” . Entre los tifosi, la decepción dio paso a la indiferencia y a un ligero atisbo de confianza depositado en Maradona, su héroe nacional.

Otra decepción, pero Italia no se rinde. Cuando España se proclama campeona del Mundial, el ‘calcio’ encuentra su consuelo: el pulpo Paul. De la manera más inesperada, cantaron victoria, porque el octópodo fue capturado en la isla de Elba. “Ha ganado un italiano”, proclamaban los periódicos. Ahora ya pueden dormir tranquilos.

Mònica Faro, Roma

2 comentarios:

Álvaro Fernández dijo...

Han jugado mucho en todos estos años y al final lo han pagado. Este año no llevaban un bloque, llevaban 23 jugadores, cada uno por su lado. Pienso que la eliminación no es positiva, pero que se pueden sacar algunas conclusiones que ayudarán.

SALUDOS DESDE FÚTBOL O´REY DEL DEPORTE

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