martes, 3 de julio de 2012

¡Cómo hemos cambiado!

"A pesar de la victoria, con grandes goles pero poco juego colectivo, el seleccionador ha perdido el norte. Por favor, que lo larguen ya, que no se puede ir dando esa imagen".

"espana es una puta mierda"

"Muy sencillo, a un Segunda Divisón español.¡Vaya mérito! ¿Y eso es un partidazo? Vamos, no me hagais reir".

"¿QUE HA GANADO ESTE ENTRENADOR? NADA NADA NADA. Estamos jugando una previa del EUROPEO, ESPAÑA aún no se ha clasificado y aunque lo haga, creeis que va ha ganar algo? NOOOO-COMO SIEMPRE Y MENOS CON ESTE PÀTETITCO ENTRENADOR. ¿QUE HA GANADO LUIS? NADA NADA NADA. ASI ES QUE DEJAROS DE DEFENDER HA ESTE TIO QUE DE SABIO TIENE LO QUE TIENE MI HIJA DE TRES AÑOS".

Estos eran, transcritos de forma literal, algunos de los comentarios que acompañaban a la versión digital de una crónica fechada el 13 de octubre del año 2007. No eran la mayoría, es cierto. Por lo general los lectores habían optado por no hacer mención al encuentro y sí a la ausencia de Raúl. Mientras unos soltaban chascarillos sobre el "carro", otros realizaban soflamas reivindicando su figura.

También estaban los que alababan un gran gol de Riera pero pasaban de puntillas por el que había anotado Ramos, probablemente porque muchos veían en él un golpe de suerte o porque el aficionado español medio no tenía el paladar acostumbrado a aquella fantasía coral de la que participaron nueve futbolistas (todos menos Casillas y Albelda) paseando el balón por el campo con veintisiete pases. El cuero llegó al borde del vómito a la red, casi pidiendo clemencia, mareado y desorientado como muchos aficionados.

Aquél partido fue el que enfrentó en Aarhus al combinado de Luis Aragonés con Dinamarca, un duelo vital para viajar rumbo a la Eurocopa de Austria y Suiza. El campo tenía la consistencia de un sembrado y el ambiente no era lo que se dice una caldera. Pocos grados y poco público. Animando a 'La Roja' solo unos cuantos Erasmus aburridos de los que escriben en una cartulina "Mamá, mándame lentejas" o "Aunque no lo parezca, te prometo que he venido a estudiar". No lo sabían, pero ellos fueron testigos directos del nacimiento de todo.

Poco más de cinco años después esa orgía de pases y desenfreno, de movimientos veloces, de apoyos y desmarques de ruptura; volvió a repetirse en el césped de Kiev en la final de una Eurocopa y con Silva poniendo la guinda al pastel. De nuevo una jugada antológica quedaba reducida a la vulgaridad pero esta vez no era por ser considerada un hecho azaroso. La culpa la tenían la euforia de acariciar el tercer gran trofeo consecutivo y el aburguesamiento de los seguidores, acostumbrados ya a este tipo de genialidades.

Mucho ha cambiado la historia en poco tiempo. El patito feo es ahora un cisne que luce su plumaje con elegancia, sin levantar la voz por encima de los demás. Se pasea con la cabeza alta mientras los demás le miran con envidia. Atrás queda ya el mantra de los malditos cuartos. España se ha ido enfrentando uno a uno a sus viejos fantasmas y siempre ha salido victoriosa. En esta Eurocopa se ha cargado a Francia e Italia, conjuntos a los que nunca había vencido en partido oficial. También a Portugal, verdugo en esa Eurocopa donde los lusos eran anfitriones.

Y lo han hecho deslumbrando al mundo una vez más con un juego virtuoso, inalcanzable. Toque, toque y más toque. Siempre con sentido, sin rifar balones, monopolizando la posesión. Tirando de casta y con un poco de suerte, la del campeón, en algunos momentos clave. El destino deportivo sonríe a España, un país que por cultura balompédica ansiaba y merecía un premio semejante, que aún no se lo cree cuando se pellizca.

Futbolistas que han contribuido a engrandecer su deporte pero que no reciben ese feedback que merecen. A pesar de lo conseguido, a nivel individual siguen sin levantar el escurridizo balón de oro. En una constelación donde brillan todas las estrellas, nadie quiere destacar a alguna. Y ese miedo, ese respeto, la necesidad de buscar la confrontación directa entre dos candidatos que no serían lo mismo si no estuvieran escoltados por alguno de los nuestros; es castigada con el olvido.

Bendito e injusto problema. Un daño colateral más de ese sueño colectivo del que nadie quiere despertar. Ese que arrancó una fría tarde de otoño en un lugar remoto y que ya no es solo monopolio de una noche de verano, que se ha convertido en una sana costumbre que valoraremos cuando, Dios no lo quiera, todo haya acabado. Aún así nunca lo olvidaremos. Me comprometo a contárselo a mis nietos. 

3 comentarios:

Ángel Ruiz dijo...

Gran artículo. Muy bien expresada la forma en la que ha cambiado la selección y la manía e criticar en exceso que tenemos como aficionados.

futbollium dijo...

Y tan cisne , ahora mismo España es la envidia del mundo del fútbol .

Un saludo

LuisMaza20735 dijo...

ESPAÑA ES LA MEJOR SELECCION DE LA HISTORIA DE FUTBOL,ESTAMOS ANTE LA MEJOR GENERACION DE ESPAÑA DE TODOS LOS TIEMPOS