lunes, 25 de junio de 2012

Pirlo, bendita locura




Hay pocas, muy pocas fotos, de Andrea Pirlo sonriendo en medio de un partido. De vez en cuando se pueden atisbar indicios de alegría en alguna pequeña mueca que altera su rostro pétreo, pero son livianos y fugaces. Ni siquiera cuando anota un gol. En esos momentos prefiere gritar, apretar los puños, dejar que la masa se arremoline en torno a él y, una vez resurgido de entre la marabunta, volver a su estado natural de concentración.

Ayer tampoco era día para excepciones. Pragmático como siempre, había cumplido con su labor, la de transformar el lanzamiento que le había sido asignado en la tanda. Con seriedad colocó el esférico en el punto fatídico y con la misma se fue después camino del centro del campo pese a deleitar al mundo con una obra de arte, un penalti a lo Panenka que habría firmado con los ojos cerrados el propio futbolista checo que le da nombre.

Bien es cierto que su selección iba por detrás en el marcador y que aquello solo era una piedra más en la construcción de la victoria, pero era la piedra angular. Una de esas acciones que saca del partido al contrario cuando le ve caminar solitario con el 21 a la espalda y el buen regusto que deja el deber cumplido. Que al mismo tiempo da confianza a los compañeros. La penúltima joya de un futbolista que hace fácil lo impensable, que como en su día dijo Marcelo Lippi ejerce de "líder silencioso que habla con los pis". Una extravagancia, un recurso que nadie se espera en el momento más crítico. La guinda a un partido perfecto.

Italia se llevó la eliminatoria en la última oportunidad que tenía de hacerlo. Pero dispuso de muchas antes durante ciento veinte minutos, casi todas ellas cinceladas por las piernas del prodigio lombardo. Más allá del punto y aparte que supuso el lanzamiento desde los once metros, el suyo fue un partido con tintes de antología. Sobre el césped de Kiev exhibió toda su obra, una poesía futbolística que se escribe con versos alejandrinos, largos y elaborados pero siempre pensados con la finalidad de deleitar al que está al otro lado.

La figura de Pirlo equivale, por buscar un símil, a la del quarterback en el fútbol americano. Cuando el equipo tiene claro cómo se va a posicionar ofensivamente, él se queda en la retaguardia. Espera a que los defensas se replieguen y es en ese momento en el que ha conseguido ganar espacio suficiente para moverse en libertad, pide el cuero. Lo recibe con dulzura y alza la vista en busca de cualquier cuerpo móvil. Al detectar el objetivo, ese hoyuelo que le da una personalidad característica a su barbilla, actúa como punto de mira. Orienta su mentón y desplaza el balón cinco, diez, treinta metros con la precisión  y la delicadeza de un luthier. Si la cosa se complica, avanza hasta que todo se clarifica o retrocede y vuelve a empezar.

Aprendió de los mejores pero le costó encontrar su sitio. Se perdió en cesiones durante sus primeros años hasta que el Milán entró en su vida. Diez primaveras le había regalado a San Siro hasta cuando el verano pasado le abrieron la puerta de salida en plena operación renove. Su venganza fue dulce. Fichó por la Juventus y ganó el Scudetto siendo el gran protagonista, jugándolo casi todo y repartiendo entre sus compañeros en forma de asistencias la felicidad que nunca se vislumbra en él cuando pisa el césped.

Porque para Pirlo el fútbol no es un entretenimiento, es algo más que eso. Un modo de vida, un campo de batalla donde siempre tiene que ejercer de general. No tiene caballo ni espada pero no le hacen falta. Solo con mirarle a los ojos los demás encuentran motivos para luchar hasta el último aliento.Una buena tarde suya vale el abono de toda la temporada. Ayer la tuvo en el mejor escenario posible. Se puso en primera línea y exhibió los galones sin miedo a la derrota.


Algo parecido sucedió en el Mundial 2006 cuando la azzurra se cruzó con los anfitriones. La historia se repetirá el jueves. Pase lo que pase su penalti ya es historia visual de esta Eurocopa. Una acción fría y calculada que en el fondo lleva implícita algo de esa filosofía que un día expresó en voz alta: "Me gustaría volver a jugar al fútbol de la infancia, un fútbol puro y limpio".

2 comentarios:

Nico Garcia dijo...

Me quedo con la última frase de la entrada. Pirlo parece un niño jugando entre mayores. Un auténtico crack.

Saludos desde La Escuadra de Mago

camisetas de futbol dijo...

"Voy a seguir jugando niños fútbol, ​​un puro, fútbol limpio."
Yo te apoyo, reabastecimiento de combustible
jajaja ~ ~