lunes, 17 de mayo de 2010

Sobresaliente en Bursa, suspenso en Estambul

Soy un amante de los "outsiders", esos equipos que sin comerlo ni beberlo levantan una liga cuando nadie lo espera, aquellos cuyos aficionados ven recompensado con un pequeño soplo de alegría años y años de sufrimientos y sinsabores, de tibias campañas naufragando por la zona media de la tabla. Esos espectadores siguen acudiendo al campo en busca de la llegada de un momento de gloria, de algo que de una vez dé sentido a su pasión incondicional.

Y me gustan aún más cuando se levantan por encima de un monolopolio tradicional, cuando desbancan a los poderosos que tienen como obligación ganar dejándoles con cara de asombro y sembrando en ellos el caos más absoluto. Por ello me alegré hace pocas semanas del título del Twente y por eso me alegro esta del triunfo del Bursaspor, si bien no tanto por los actos deleznables que ello acarreó en el estadio del Fenerbache.

Existe la tendencia a justificar ciertas acciones y a no darles importancia por proceder de donde proceden. De esta forma bajo el término "fogosa" o "entregada" se lleva años justificando a hinchadas como la griega, la serbia o la turca; aunténticos becerros balompédicos que llevan su fanatismo hasta el extremo y que descargan en un campo de fútbol la ira que acarrean durante la semana.

Torcidas formadas por individuos de naturaleza violenta que si no pasaran la tarde del domingo en un campo de fútbol estarían destrozando escaparates o partiéndose la cara en el primer bar de mala muerte de su barrio. La actitud de los hinchas del Fenerbache, prendiendo fuego a su propio estadio y pidiendo como en la antigua Roma la cabeza de sus jugadores (en este caso Güiza) me hace pensar que quizás Darwin no estuvo del todo acertado con su teoría sobre la evolución de las especies.

Y me alarma sobre todo la insensibilidad social ante el tema, que algo así sea motivo de broma. Puede que alguno de los que léais este blog hayáis consultado la noticia en Marca.com y que incluso la hayáis comentado. En ese caso me gustaría que fuérais alguna de las ¡4 personas! (de las 36 que expresaron su opinión) que han criticado la actitud de los energúmenos que ayer se dieron cita en Estambul.

Pero en fin, hablemos del Bursaspor, que es el que realmente se merece estas líneas por lograr aquello que nadie conseguía desde hace 26 años: arrebatarle la liga a un equipo capitalino. De hecho sólo el Trabzonspor en seis ocasiones, coincidiendo con su dominio incontestable entre mediados de los 70 y mediados de los 80, tenía este honor.

Si el año pasado fue el Sivasspor el que avisó de que podían haber aires de cambio en el país otomano este ha sido el actual campeón el que se ha llevado el gato al agua. Y si bien es cierto que nunca habían terminado entre los tres primeros y que subieron a la Super Lig hace tan sólo cinco temporadas, no lo es menos que "los cocodrilos verdes" son uno de los conjuntos más seguidos del país.

Su plantilla queda muy lejos de las grandes del país, destacando el prometedor mediapunta Ozan Ipek por encima del resto y su entrenador, el también emergente Ertugrul Saglam que fracasó en su primera experiencia con un grande, tras la mala temporada del año pasado con el Besitkas, pero que a sus cuarenta años puede presumir de haber conquistado una liga con un equipo que no era favorito. Si no se tuerce podría estar llamado a hacer grandes cosas.

1 comentario:

Agustin Peraita dijo...

Carlos, te estás doctorando últimamente...

Agus de Futbólogos