lunes, 26 de agosto de 2013

París, en busca de la "grandeur" perdida


Stade de France

Aún recuerdo la primera vez que vi el Stade de France. Fue desde la ventanilla del tren que comunicaba el centro de París con Disneyland. La imagen me impresionó. Por entonces era una estructura recién levantada, lo más chic en su género. Aquél modelo constructivo resultó canónico y pionero, un ejemplo que han ido copiando estadios alrededor de todo el globo.
Hoy esa referencia se ha desplazado hasta Munich y menos de quince años después el santuario del fútbol galo ha perdido parte de su esplendor, se ha tornado en caduco mientras la selección que le da lustre sigue buscando su sitio tras el paréntesis de la final mundialista en el año 2006.

Puede que sea eso o que la madurez alcanzada entre mi primer viaje y el segundo me haga ver las cosas de otra manera distinta, me haya convertido en menos inocente y más realista. Quizás no sea lo mismo observarlo a través del cristal de un taxi. En cualquier caso ese amor a primera vista se ha ido difuminando. También para los propios parisinos, que ya solo lo reconocen como “Stade de France” y miran extrañados cuando se les pregunta por Saint Denis, dos palabras que asocian a un barrio del extrarradio que muchos de los que miran con la cabeza por encima del hombro desearían borrar del mapa.

"La Gioconda" en la era digital

Sin embargo, el hecho de que sea una de las primeras estampas reconocibles cuando uno se traslada desde el aeropuerto Charles De Gaulle hacia el corazón capitalino demuestra que hay vida futbolística en una urbe que ya puso fin a esos momentos complicados en los que Pauleta se echaba al París Saint-Germain a la espalda. Ahora se respiran aires nuevos que llegan de Oriente Medio, millones de euros del petróleo que han “refundado” un club dejándolo a la altura del lugar donde ha echado raíces.
No se aprecia, pero se siente. No se toca, pero se huele. El que espere ver grandes y ostentosos carteles de Ibrahimovic o Thiago Silva anunciando móviles y yogures se equivoca. No hay lugar para ello en una periferia abarrotada de casas y en una zona noble de avenidas amplias y kilométricas en las que uno puede imaginarse a Jean Valjean de la mano de Cosette rodeado de carruajes y efervescencia juvenil.

En cambio los pequeños campos de fútbol que salpican los alrededores o los “potreros” rodeados de verja a los pies de Montmartre son ejemplos de que algo late. Es este último un barrio delicioso al atardecer, el lugar donde la solaz se encuentra en picnics de embutido y queso a la puerta de la imponente basílica del Sacré Coeur y el trabajo de los retratistas callejeros se pone al servicio de la invasión extranjera. De los pocos reductos donde se puede encontrar a un niño con el escudo de un indescifrable equipo de Europa del Este impreso en la mochila.

Retratista en Montmartre
 
Un ambiente bohemio que contrasta con la “grandeur” de los Campos Elíseos, ese bulevar repleto de vida y lujo en el que el deporte rey va aposentándose discretamente. Arriba, en la cabecera, cerca del Arco del Triunfo, pasean juntos un padre con la camiseta del Real Madrid y un hijo con la del Barcelona. Más abajo, entre la arboleda, asoma una boutique del PSG pegada al cine Gaumont Camp Elysses, cuyas butacas recuerdan carteleras mejores antaño.

También tiene su cuota de protagonismo el equipo de la ciudad en las entrañas de un emblema como los almacenes Lafayette, un sitio visitable por su luminosa cúpula y el trasiego de gente. Allí, un pequeño stand surte al aficionado del kit básico de camiseta y bufanda mientras luce orgulloso un expositor que encierra en su interior una camiseta firmada por el propio David Beckham, con su nombre y su número cincelados con cristales Swarowski.
Beckham, lujo y glamour

Analizando el núcleo urbano en su globalidad desde ese techo que supone la Torre Eiffel, al aficionado al fútbol le cuesta imaginar como el inglés pudo acabar sus días en un estadio como el Parque de los Príncipes. Glamouroso desde la cuna, su imagen y su eterno postureo encajan más con el toque de distinción de la no muy lejana Phillipe Chatrier  que con una estructura casi fagocitada por la masificación de la bainlleu que le da cobijo. Esa característica que puede convertir a un césped mítico en algo poco atractivo es al mismo tiempo la que le da sabor, la que recuerda a las estrellas que pese a todo están en una entidad popular que atiende a un lema impreso en la cubierta: “Fiers de nos coleurs”.
  
Es en el campo, como en tantos otros países, donde el rico coincide con el pobre y las dos caras de una ciudad se mezclan y casi se igualan. En un solo grito se auna la voz del habitante de las barriadas con la del hombre de negocios cuyo ático mira al Sena, esa culebra de agua que vertebra la ciudad y marca el camino a seguir para el turista. Notre Damme, el Louvre, la propia Torre Eiffel con su estructura hercúlea y su caos controlado de hierros y ascensores… a todos visita en su trayecto, trufado de puentes con candados que confirman a Paris como la ciudad del amor, en realidad de todos los vicios.

París, patria de los enamorados

Allí cada uno es quien desea siempre y cuando el dinero lo permite. Se puede saciar la gula en con un delicado macaron en la mano o sentado restaurantes donde se sirve una cocina sobria y de calidad que no evoluciona pero que no lo necesita. La avaricia viaja en bolsas de Dior o Cartier que sostienen individuos soberbios mientras algunos envidiosos se aposentan con pereza en algún café de estilo Art Noveau. La lujuria, en cambio, la despiertan cabareteras semidesnudas capaces de hacer sentirse especial a todo hombre que osa cruzar una mirada con ellas.

París es exceso visual desde que se aterriza hasta que se despega de nuevo. Llegado el momento de la partida y desde el cielo, en una de las pocas atalayas más privilegiadas que aquella diseñada por Gustave Eiffel y compartiendo avión con el “Cebolla” Rodríguez y su compatriota Diego Godín en lo que supone la confirmación de que se desanda el camino rumbo a Madrid, uno descubre que la capital gala es algo más. Que fuera de los circuitos precocinados hay barrios donde la gente reside hacinada en pequeñas casas. Que junto al Saint Germain conviven otros clubes como el París FC, cuyo estadio está aún más oculto si cabe. Puede que uno no llegue a adentrarse nunca en ese laberinto de calles pero sabe que es allí donde de verdad reside la multiculturalidad, gran activo y motor del país.

El blog retornará definitivamente a su periodicidad normal a partir del próximo miércoles día 5 de septiembre. Disculpad las molestias.

viernes, 2 de agosto de 2013

Vidas cruzadas

"Vidas que dejé cruzadas, vienen encendiéndose. Vidas que dejé cruzadas, vienen persiguiéndome". Así reza el estribillo del tema más conocido del cantante español Quique González, una debilidad personal dicho sea de paso. Él, madridista confeso, quizás nunca imaginó que su música pudiera servir de banda sonora a la nueva realidad de Pep Guardiola en Munich.

El destino, siempre caprichoso, tiende a barajar las cartas de una forma inesperada dándole la mano más incómoda al que menos la desea y obligándole a realizar una jugada maestra para salir victorioso. Guardiola, que se marchó del Barcelona dejando un pasado glorioso atrás, probablemente no esperaba encontrarse con sus fantasmas en el futuro, no al menos tan pronto.

Y sin embargo una serie de hechos azarosos de los que no ha sido protagonista en primera persona pueden exigirle, en seis meses, mirar atrás para seguir hacia adelante. La responsabilidad de no malgastar un legado es el peaje que se debe pagar cuando se llega a un equipo que lo ha ganado todo. Capacidad para ello tiene, pero no es una cuestión solo deportiva. Cuando aquello contra lo que has volcado tus fuerzas se presenta ante ti de golpe, la psicología también entra en juego.

Guerras intestinas y heridas abiertas con su antiguo club al margen -situación que también desgasta-, Guardiola debe realizar un esfuerzo extra con el Bayern como arma. En apenas veintiocho días, y en la siempre lúgubre pero hermosa Praga, le espera el Chelsea de Jose Mourinho. El portugués, ese hombre que conseguía que se le desencajara el rostro en la sala de prensa, que le obligaba a salirse del carril, que le provocaba disgustos que nada tenían que ver con lo futbolístico.

Es otra situación, solo un partido aislado, una breve cita en la historia de un torneo menor al que ha llegado por casualidad. Y sin embargo perder escocería más de lo normal. Primero porque Mourinho tiene menos que perder al llegar sin presión. Segundo porque la inesperada derrota ante el Borussia en la Supercopa ya le quitó una muesca a otro posible "sextete".

Dos fracasos en verano no menguan la confianza pero rascan en el orgullo de una entidad acostumbrada a mirar a casi todas por encima del hombro. Una victoria, en cambio, no le permite salir reforzado. Su credibilidad es a prueba de bombas y en nada va a afectar a una plantilla y a un entrenador que, salvo sorpresa, se pasearán en la Bundesliga como ya hicieran el anterior curso.

El daño podría ser mayor en diciembre. El mercado y el devenir del Mundial de clubes dictará sentencia pero, a día de hoy, la posibilidad de que Ronaldinho se cruce en el camino de los alemanes durante el torneo que se disputará en Marruecos es más que real. Solo el Besiktas, o una sorpresa, podrían evitar el enfrentamiento sobre el césped que ya mantuvieron en el vestuario el técnico novel y quien por entonces era la estrella.

Guardiola le enseñó la puerta de salida al brasileño y desde ese momento este ha dado tumbos por el mundo intentando encontrar su sitio. Años después lo ha conseguido en el Atlético Mineiro, con el que se ha proclamado campeón de la Libertadores. Muchas salidas nocturnas y tardes de figurar sobre un césped después, Ronaldinho parece haber vuelto a madurar. Si el encuentro se reedita, a nadie le cabe duda de que saldrá con el hambre que parecía haber perdido.

Gestionar esas dos patatas calientes supone un dolor de cabeza para quien está acostumbrado al éxito y nunca había dejado cuentas pendientes en un pretérito hasta ahora breve. Es una incógnita ver cómo sale de ellas, tanto si triunfa como si no lo hace. Deberá acostumbrarse. A más años de trabajo, mayor número de enemigos. Y, salvo que la cosa se tuerza, el de Santpedor tiene una larga carrera en los banquillos por delante. 
 
Debido al descanso estival, este blog permanecerá parado durante unos días. Salvo un posible post aislado a mediados, que si no quedará postergado hasta la vuelta de vacaciones, no se actualizará hasta la última semana de agosto. Disculpad las molestias.

miércoles, 31 de julio de 2013

¿Qué ha sido de... Fichajes erróneos de entrenadores fieles (XII): Eric Obinna Chuckwunyelu?

Como os prometí la semana pasada, en esta sección que hoy termina aún había espacio para un último producto de la factoría Wenger en el Arsenal. Un jugador fichado para la cantera en edad juvenil y que, ya alejado de los campos desde hace un par de años, puede presumir de haber desarrollado su fútbol en cuatro continentes.

El primero de ellos fue África, donde Eric Obinna Chuckwunyelu nació el 10 de junio de 1981. El alumbramiento tuvo lugar en la localidad nigeriana de Owerri. Capacitado para el deporte rey, a sus inicios en el Iwuanyanwu Comets le siguió una peculiar y breve experiencia en el Vitoria de Bahía brasileño.

Militando allí, llamó la atención de los ojeadores del Arsenal, siempre dispuestos a contratar a todo joven que despunta. Sin embargo ni siquiera llegó a debutar ya que nada más aterrizar en enero se marchó cedido al Saint-Étienne hasta el final de campaña. A su regreso solo aguantó unos meses antes de irse traspasado al Red Star, refugio de muchos de los jugadores que han sido protagonistas en "¿Qué ha sido de...?".

Acostumbrado ya a Francia, no se movió de allí en su siguiente escaramuza. Fue en Rouen, ciudad con una gran catedral cuyo equipo de fútbol hace años que no está a la altura de la misma. Allí pasó dos campañas, un periodo corto para cualquier futbolista pero todo un oasis de estabilidad para Obinna, que nunca aguantó más de ese tiempo en ningún club.

De Francia emigró a Alemania para vestirse la elástica del Stuttgart Kickers. La decisión le sirvió para relanzar su carrera y atraer el interés de una entidad destacada como el Kaiserslautern. De nuevo en la pomada del fútbol que se ve por televisión, consiguió regresar a Inglaterra en invierno para defender al Reading.

Fue un espejismo. Su carrera, igual que subía, volvió a bajar. Tras seis meses en los "royals" se enroló en el Stevenage, su penúltima oportunidad en Europa. De ahí regresó a su país para completar minutos con el Heartland. Aquella se desveló como una buena alternativa para mantener la forma hasta que le llegó otra llamada del extranjero.

Así fue como puso sus pies en el Henan Jianye chino. Sin embargo, culo inquieto y amante de conocer nuevas culturas, se marchó a probar suerte en el Alianza Lima. La operación no cuajó y acabó en el Warriors de Singapur. Finalizado el contrato y sin equipo consiguió encontrar acomodo en el mismo país gracias a Étoile FC. Aquél resultó el paso previo a la retirada, que le encontraría en el St George's de Malta.

lunes, 29 de julio de 2013

Brek Shea, fútbol abstracto

Acostumbrados a la imagen prefabricada por Hollywood del héroe norteamericano, pensar que alguien como Brek Shea podría convertirse en uno de ellos resulta cuanto menos chocante. Sin embargo a veces lo improbable sucede y ayer fue él, con su gol, quien consiguió dejar en casa la Copa de Oro.

Eso le hará entrar en la historia, ocupar un lugar de privilegio en el balompié norteamericano y quizás ver como se purgan los pecados de ingenuo que ha ido cometiendo en los pocos años que lleva como profesional. Porque Brek, Dane Brekken en realidad, es uno de esos tipos atípicos que alterna arranques de genio con imperdonables salidas de tono.

De hecho basta con verle sobre el césped para saber que no se trata de un futbolista al uso. Altamente polivalente, es extraño ver su 1.91 de envergadura pegado a la línea de cal desafiando todas las leyes de la lógica. Sin embargo, y al mismo tiempo, ha llegado a desenvolverse también de central. Un tallo multiusos que lo mismo marca un gol que despeja un balón al borde del área.

No acaban ahí sus peculiaridades. Brek pertenece a ese grupo de jugadores que en su tiempo libre realiza cosas útiles. Hay casos, por supuesto, pero los más se pierden en actividades banales como jugar a la consola o simplemente hibernar. Él apuesta por la pintura como forma de expresión y le saca partido. Artista abstracto, montó en su garaje un taller al que llamó "Leftfoot Studio". 

Allí ha realizado diseños en diferentes formatos. Especial tirón tienen sus tablas de surf y de skate, donde los colores chillones se mezclan de forma caótica dándoles un aire, al menos, de lo más personal. Por supuesto esa manufactura, que se puede comprar por internet, tiene un precio que bordea en estos casos concretos los 200 dólares. Incluso logró exponer diez de sus obras en una exposición bautizada como "Controlled Chaos", que recaudó casi 10.000 dólares de la Fundación FC Dallas dedicados a la beneficencia.

Pese a todo, como tantos otros artistas, Shea tiene un reverso tenebroso, un carácter complicado que no es apto para todos los paladares. Sin llegar de momento al nivel de hombres como Balotelli o Ibrahimovic, este rubio cuyo pelo va acorde con su estilo sobre el lienzo, ya ha protagonizado un par de situaciones controvertidas y apunta maneras.

Primero, en su país, fue una sanción de tres partidos por patear la pelota hacia un linier. Luego una discusión con su entrenador Schellas Hyndman y algunos de sus compañeros que le granjeó críticas dentro y fuera del vestuario. Lejos de cambiar, tras su traspaso al Stoke el pasado mercado de invierno por 2,5 millones de euros ha dado más material a los tabloides que a la prensa deportiva.

Sin apenas minutos, su actividad en las redes sociales le ha servido como indecente carta de presentación. En mayo posó con una cabeza de cerdo en Instagram. Algo anecdótico si no fuera porque la misma apareció, por obra y gracia de su compañero Glenn Whelan, en la taquilla del trinitense Kenwyne Jones, de religión musulmana. El incidente acabó con este último reventando con un ladrillo el Porsche del "bromista".

La última de Brek, tejano que se define en Twitter como caballero sureño, también ha levantado ampollas. De nuevo en Instagram, tuvo la feliz idea de posar con una gorra, una camiseta de tirantes con la bandera americana... y dos recortadas, una en cada mano. Todo un "ejemplo" para la juventud y un escándalo en Inglaterra y Estados Unidos, donde el tema de las armas es cuanto menos espinoso.

Así transcurre su vida, entre la pasión por el fútbol y la provocación, entre los goles y la pintura. Una mente indescifrable, un arcano balompédico que aún debe estallar en la Premier pero que ya es uno de los talentos más atractivos del fútbol estadounidense. Difícil saber cómo acabará una carrera tan peculiar. Eso sí, su nombre ya queda escrito con letras de oro.

miércoles, 24 de julio de 2013

¿Qué ha sido de... Fichajes erróneos de entrenadores fieles (XI): Igors Stepanovs?

Se acerca el verano y también el parón estival de este blog durante unos días del mes de agosto. Por ello creo que es el momento ideal para ir enterrando este apartado que he dado en llamar "Fichajes erróneos de entrenadores fieles". Por aquí han pasado numerosos técnicos pero aún quedaba uno al que estoy seguro que muchos echabais de menos.

Me refiero, cómo no, al francés Arsène Wenger; amo y señor del Arsenal durante más de una década. Factótum en el conjunto londinense, poco o nada se ha movido sin su consentimiento. Tampoco en el apartado de fichajes. Es innegable que el alsaciano ha cerrado operaciones brillantes como la de Cesc o la de Van Persie pero no es menos cierto que en su currículum figuran verdaderas atrocidades, especialmente a la hora de contratar a futbolistas que por entonces eran jóvenes promesas. A algunos de ellos, como nuestro protagonista de hoy, les voy a dedicar estas dos últimas semanas antes de las vacaciones.

Leyenda en su país, especialmente tras aquella Eurocopa del año 2004, pocos recordaréis que Stepanovs llegó algún día a jugar en el Arsenal. Otros incluso pensaréis que aquello se trataba de un espejismo ya que el letón, como el Guadiana, apareció y desapareció de las alineaciones durante los tres años que defendió al club.

Sin embargo sucedió. Y no sólo eso sino que el conjunto inglés tuvo que pugnar con otros grandes por hacerse con los servicios de ese zaguero que 1,92 que despuntaba en el Skonto Riga (por entonces Skonto Metals), equipo que le había dado la alternativa al profesionalismo cuando solo contaba con dieciséis primaveras.

Aterrizó en Inglaterra como internacional y se marchó como tal tras la gesta más importante de su nación a nivel de selecciones. Fue el colofón a una campaña en la que volvió a sentirse futbolista con su cesión al Beveren. Finalizado el verano, le surgió la opción de cambiar de aires y no lo dudó ni un solo momento.

La oferta procedía del Grasshopper suizo, entidad a la que defendió durante dos cursos y con la que se proclamó mejor jugador letón del año 2005. Acabada la vinculación, y tras regresar unos meses en su país para militar en el Jurmala, puso rumbo al Esbjerg danés. Sería un paso más en su peregrinar por Europa, el mismo que posteriormente le llevó al Shinnik Yaroslavl ruso.

Allí tan solo aguantó unos meses antes de tomar de decisión de regresar a su Letonia natal en el ocaso de su carrera. Primero el RFS/Olimps y posteriormente de nuevo el Jurmala fueron sus últimos equipos antes de anunciar la retirada y afrontar un homenaje casi inmediato. Se lo dio su selección, con la que jugó un amistoso contra Finlandia que suponía su partido número cien. A partir de ahí focalizó su vida en los banquillos. Hoy dirige al combinado sub-17.

Por cuestiones laborales me será imposible actualizar el blog este viernes. Espero retomar la actividad el lunes. Disculpad las molestias.

martes, 23 de julio de 2013

El adiós del sembrador

El de hoy ha sido un día de entrenadores. Es innegable que la noticia que ocupa todas las portadas es la del fichaje del Tata Martino por el Barcelona. Sin embargo, y teniendo en cuenta la sobreinformación venidera en lo sucesivo, he preferido detenerme en la segunda más destacada, la marcha del Anzhi del holandés Guus Hiddink.

La que se ha conocido esta tarde a primera hora ha sido una información tan fría como el lugar del que llegaba. Sorprendente, inesperada, sin más arabescos que las palabras del técnico, que afirma que lo deja ahora que el club parece estar preparado para subsistir sin su ayuda. Puede que así sea o que por el contrario haya pesado un comienzo de liga sorprendente por lo pobre, con solo un punto de seis posibles.

En este momento es pronto para sacar conclusiones y los aspectos intrínsecos de esta decisión los dibujará el futuro del holandés, del que se habla para ocupar el banquillo de alguna selección con aspiraciones mundialistas. Independientemente de lo que suceda, lo cierto es que los resultados pueden permitirle marcharse con la conciencia tranquila.

Lejos de ir a hibernar mientras engrosaba su cuenta corriente con ceros, Hiddink se va cambiando la cara del equipo de Daguestán. Bajo su mente analítica, el gasto febril del oro por parte de Suleiman Kerimov se ha canalizado hacia la cordura. A las inversiones en imagen con los fichajes de un Roberto Carlos en decadencia futbolística y un Etoo que aporta más de lo que muchos esperaban, les han seguido futbolistas con la calidad suficiente como para armar un bloque compacto y tácticamente estable.

Al contrario de lo que sucedió en campañas anteriores, el nombre del Anzhi no se ha visto mezclado con ninguna de las grandes operaciones del mercado en el plano internacional. Bien es cierto que la entrada de los jeques árabes les ha restado protagonismo pero no lo es menos que capacidad para competir en salarios sobra en el club de la antigua Unión Soviética.

A la gran inversión el pasado invierno en William, el jugador más caro de aquél periodo, le han seguido en estos meses de estío adquisiciones contrastadas en el ámbito nacional como Kokorin o Denisov. La cara repesca de Samba, jugador clave en los planes del ya entrenador saliente, ha sido de momento el único capricho extramuros.

El proyecto, más sólido que otros castillos construidos sobre arena por nuevos ricos, ha ido dotándose de coherencia en una política donde ha tenido mucho que ver el hombre ya cesante, el mismo que ha conseguido clasificar al equipo tercero en liga la pasada campaña y potenciar el fútbol de base, aspecto casi yermo hasta la fecha.

Con una sólida base puesta, el objetivo cortoplacista es consolidarla de la mano de René Meulensteen, holandés también, que conoce cada palmo de una casa compleja como es Old Trafford pero con un bagaje inferior al de otros candidatos a ocupar el cargo. Con la competencia económica de otros transatlánticos nacionales como el Zenit, en manos del club está ahora volver a caer en el pecado del gasto indiscriminado o poner el dinero en gente efectiva por encima de su cartel. Dilemas de rico. 

viernes, 19 de julio de 2013

El Benelux al revés

Hasta en verano, cuando el calor a aprieta y el fútbol amaina en su intensidad dando paso a los rumores y las giras, queda aún espacio para los héroes anónimos. Jugadores cuyas grandes tardes se irán diluyendo en el trasiego de las informaciones que van y vienen cuando la temporada arranca y la cosa se pone seria.

Son momentos efímeros, sueños vespertinos en época de estío que se tornan anecdóticos pero sirven para escribir la historia de un pequeño club perteneciente a una ciudad minúscula enclavada en un territorio alejado del ruido mediático. El desconocido punta de nacionalidad marroquí Omar Er Rafik protagonizó ayer uno de esos relatos breves.

Descontando aquella gesta de 11 de septiembre de 2008 en el Letzigrund de Zúrich, donde Luxemburgo se impuso por 1-2 a Suiza; la que ayer consiguió el FC Differdange 03 es probablemente la victoria más importante en un país donde el dinero y el fútbol son castigo para sus habitantes.

Los hombres del francés Michel Le Flochmoan, cuartos clasificados en su liga el pasado curso, saltaron la banca del Benelux y reventaron el orden establecido en la zona para imponerse por 2-1 al Utrecht, remontada incluida. Una obra maestra del surrealismo cincelada por los pies de Er Rafik, un futbolista que de un día para otro aterrizó en el ducado para traer suerte y goles a partes iguales.

La suya fue una de esas películas de Serie B tan manidas, el relato de un joven con talento que se desenvolvía en la media punta hasta que un entrenador en la selección del departamento de Lorena le adelantó con miras a la portería. El experimento salió bien y consiguió cruzar las fronteras para probar suerte en Jamoigne, una localidad del sur de Bélgica que acaricia el país galo sin alejarse demasiado de Luxemburgo.

El club de la ciudad se desenvolvía en la cuarta división pero los ojeadores sabían que aquello se le quedaba pequeño. Por ello le llamaron para que probara en lugares de más alcurnia pero fue entonces cuando la rodilla se rompió y con ella la esperanza de una carrera próspera. Para recoger los trozos de aquél progreso frustrado apareció el Oberkorn, primera parada en Luxemburgo.

No viajó solo ya que en la aventura le acompañó su hermano Youseff, siete años mayor que él. Mientras este sigue donde todo empezó, Omar ya hace tiempo que voló. En 2011 le llamaron para formar parte de la que ahora es su casa, una entidad creada ocho años antes con los remiendos de dos equipos; uno, el Red Boys, con cierto predicamento en épocas pretéritas.

Desde la refundación los socios no conocen lo que es ganar la liga y solo han podido celebrar un par de títulos coperos consecutivos. Sin embargo hay algo que les diferencia: Ellos, y no otros, son los que más lejos han llegado en el Viejo Continente. Sucedió en la Liga Europa al poco de aterrizar Er Rafik.

Tras superar al Levadia Tallin estonio en una eliminatoria agónica, fueron eliminados contundentemente por el Olympiakos Volou. Sin embargo la implicación en el amaño de partidos de los griegos les permitió superar una ronda y llegar hasta la tercera, la última antes del milagro de jugar el torneo continental.

El Paris Saint Germain les cortó las alas y en un escenario grandilocuente como el Parque de los Príncipes acabó todo. Er Rafik vivió aquello como suplente. Hoy, ya más maduro y asentado, guía a su equipo hacia la versión 2.0. Para ello deberán superar el duro partido de vuelta en Holanda y un hipotético cruce con el Tromso o el Inter Bakú. Una gesta utópica, de esas que solo se escriben en verano.