
Después del tributo a los Spice Boys retomo la actividad normal de esta sección con uno de esos hombres que marcó tendencia en el mundo del fútbol. El otro día, viendo los periódicos norteamericanos, topé con él por casualidad ya que participó en un partido benéfico en compañía de personajes como nuestro patrio David Bisbal, que no se pierde un sarao y al que, al menos el Florida, tienen en mucha consideración.
Si por algo recordaré a Tony Meola aparte de por su nombre de "mafioso" de películas de gangsters (opinión completamente personal y subjetiva) es por su coleta. Él fue uno de esos hombres que marcó tendencia con su peinado y uno de los primeros que se animó a lucirla sobre un terreno de juego cuando se animó a mostrársela al planeta en la Copa del Mundo de 1994, donde compartió plantel con míticos como Alexi Lalas o Eric Wynalda.
Meola nació en New Jersey, localidad limítrofe con Nueva York, y comenzó a jugar al fútbol animado por su padre, inmigrante italiano que había hecho sus pinitos como futbolista en el Avellino italiano de segunda división. Sin embargo no sólo fue el balompie lo que llamó la atención del joven Tony.
Desde joven se mostró como un deportista polifacético y no sólo sobre el césped, donde rendía al mismo nivel como portero y como delantero, sino también en el baloncesto (fue capitán del equipo de su escuela) y en el béisbol, donde formó parte del sistema de formación de los Yankees de Nueva York.
Entre todas sus habilidades atléticas acabó decantándose por el fútbol cuando, jugando como guardameta en la Universidad de Virgina a las órdenes del ex-seleccionador, Bruce Arena, fue convocado para jugar con la sub-20 el Mundial de Chile del año 1987.
Su progresión continuó y a los 20 años jugó los tres partidos de su selección en el Mundial de Italia. Sus actuaciones le valieron para dar el salto a Inglaterra. Tras firmar un contrato con la Federación de su país se marchó cedido al Brighton and Hove Albion y posteriormente al Watford. Ambas experiencias resultaron desastrosas y volvió a su país para jugar muy cerquita de Miami, en Fort Lauderdale, lugar donde ahora está el estadio del Miami FC además de unos excelentes outlets que os recomiendo que visitéis si decidís venir a la "Benidorm de los Estados Unidos".
Sin embargo por aquella época no existía aún la MLS y Meola sobrevivía como soldado de fortuna haciendo sus principales apariciones en la selección de su país. Tras la disputa del Mundial 94 el joven guardameta creyó vislumbrar una nueva vocación que no gustó nada a su seleccionador, Bora Milutinovic.
Probó, como no podía ser de otra forma, en el deporte patrio que aún no había practicado (con permiso del hockey hielo) e intentó, sin éxito, convertirse en el pateador de los New York Jets de la NFL. Aquella decisión fallida le alejó de la portería estadounidense.
Tras este tropiezo vital se enroló en los Buffalo Blizzard pero, volátil como era, se dio a otra afición aún más estrafalaria como era la actuación. Cogió las maletas en busca de un sueño y viajó a Broadway para protagonizar el musical "La boda de Tony y Tina".
Su actuación no debió ser digna de un premio homónimo (los Tony's reconocen a los mejores musicales de Broadway) porque al mes se marchó al Long Island Rough Riders. Allí volvió a reconducir su carrera futolística y aprovechó el primer tren que pasó de profesionalismo en Estados Unidos.
Al crearse la MLS fichó por el NY Metrostars y se convirtió en figura hasta el punto que llegó a probar con el Parma. No hubo suerte y dos años después se marchó al Kansas City Wizards. Sus actuaciones le valieron para ir a la selección, a donde no volvía desde tiempos de Milutinovic, y para acumular un gran número de premios tanto individuales como colectivos.
Tras su exitosa etapa volvió a Nueva York cuando el equipo ya estaba bajo los designios de la bebida energética Red Bull. En su segunda etapa en la Gran Manzana jugó dos años antes de centrarse en el fútbol sala, donde se enroló en las filas del New Jersey Ironmen. En algún momento mostró su interés por volver al fútbol profesional, pero nunca lo hizo. Desde entonces, ya pasados los cuarenta, lo último que se sabe de él es que fue el entrenador del Toms River de New Jersey, el equipo de su hijo de doce años.
Mañana publicaré una entrevista con Fernando Arriero, jugador del Widzew Lodz polaco procedente de la cantera del Barcelona. Os puedo asegurar que es realmente interesante.